martes, 20 de septiembre de 2016

Catarsis...

Y entenderás que la flor también marchita
en su máxima apertura y perpendicularidad.
Que los barcos zarpan cuando todavía
quedan amores despidiéndose en los puertos fríos,
y la vida se extingue un trozo a la vez cada día.
Se trata todo de una muerte lenta, de un caracol que es alma,
dejando su rastro transparente en vías no pavimentadas.

No vale la pena despertar.
Ni vivir las cinco de la mañana una vez más,
ni aguantar tal tormento,
O perder como las llaves que se escurren de un bolsillo,
el placer de dormitar hasta horas voluntarias;
si a cada primavera y a cada verano,
siempre las concluyó un otoño y un invierno.

No valen la pena el beso ni el abrazo;
pues no somos propietarios de ningún cuerpo extranjero,
y con el hastío y la costumbre siempre se nos vence la hipoteca.

Yo podría arrastrar mi lengua por la piedra y el vidrio
que se aprietan inmóviles en el asfalto,
y recordar así el sabor de tus pasos que se alejan.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Blue...

Las batallas pérdidas, el olor del paisaje quemado por el sol esta mañana, o ya es la tarde, en una ciudad en la que ni siquiera hay mollizna y hasta el amor se quema hasta quedar como pasto amarillo y seco, eventualmente, y progresivamente. Que la gente odie, toda la crueldad humana. Que todo se acaba, inexorablemente cada cosa bella creada en el mundo llegará a ser polvo. La pobreza. Las diez botellas de gaseosa vacías en la nevera. Los caminos no tomados, la incertidumbre, bicho vil, de nunca poder saber qué hubiera pasado de haber tomado la izquierda en lugar de la derecha, de haber subido en vez de haber bajado, o viceversa. Entiendase que caminar en reversa se traza imposible, al menos desde el campo existencial, no toquemos ya el campo físico, que no viene al caso. El olor recordado de la nicotina impregnada en tu cabello, es extraño extrañar un olor que extrañamente siempre he odiado (el olor a cigarrillo me refiero), y que ahora perfuma tus manos con un aroma de cabaña de bosque, como madera frutal o eucalipto que se quema en una fogata de la niñez en una noche de camping; bajo el mismo cielo que se extendía encima tuyo, mientras fumabas con estilo de años veinte, parada en la ventana. Las cometas que ya dejaron de elevarse, pasa agosto y la vida y todos, pero casi todo lo que se va, a diferencia de las cometas, no vuelve el próximo año. Que sea domingo y mañana lunes;  los lunes tienen un afiche de un gato que se sostiene sobre un precipicio, días que hay que aguantar. Tu dispersión y tú silencio. Que te quiera. Todas esas cosas que me hacen triste.

sábado, 30 de julio de 2016

Una ausencia...

No me busques mañana,
sólo quedará un debilísimo vapor de mi,
un incienso de hombre de paso
en un mundo instantáneo,
como sopas de sobre y camaron;
que se impregna apenas
en la suave pupila de xocolātl.

Quedarán fantasmas y rumores
y caminatas de un desvelado
en pasillos cortos y angostos,
entre paredes con hollín y babas
y sobre todo lágrimas sueltas
que se columpian ante el vaivén
de la cabeza que realiza una negación.

El horizonte se extiende tan interminable
y pensaba en buscarte entre el aullido
que trae el viento timido vespertino
y las delgadas palpitaciones eléctricas
que se insertan en cada pequeño foliculo.

Huele extrañamente a ti y a volcán hoy
y mañana, irremediable, enredado entre las sabanas, pitones de destierro y desamparo.

martes, 10 de mayo de 2016

Oración...

Rosario, voy a quedarme todos los días pensando en cómo hubiera sido la vida contigo. Ya sabes de aquello de las bifurcaciones, esa larva que se atornilla en tu hipotálamo, se alimenta de tu cerebro y va infestando tus pensamientos hasta convertirse en eso que llamamos nostalgia. Soy de esos que piensan todos los días en las opciones que no tomaron en el pasado y en cómo serían el presente y el futuro de haber elegido un camino en lugar del otro. Rosario, tu pelo huele a brevas con arequipe en fiestas de diciembre y traza ondas en el aire como la bandera del país que nunca he sentido propio; eres como ese lugar de Europa del que uno se enamora en las postales y nunca visita. Tú me mirabas a través de las mesas de un bar y yo jugaba a esquivar, nunca he soportado eso de mirar fijamente. Caminabas por las calles cuarenta y cuatro y por la tercera en el norte magnético de la ciudad, en las noches opacas con faroles descompuestos, en los días sofocantes de treinta y cinco grados Celsius, ciudad desierto, hervidero de lágrimas evaporadas, con ese andar de libertad fruto de victorias vitales; y te divertías buscándole formas a las nubes. También, muchos hombres se divertían encontrándo formas al arco de tu espalda. No sé cómo te llamas, Rosario suena bien, tiene ese tono de oración y de súplica, también de salvación. Aquí estoy en la cama. Es uno de esos domingos filosóficos en los que toda la vida parece un fracaso e intentas encontrar significados mirando una mancha de humedad que se esparce por el cielo raso, pensando en las nubes que no veremos juntos. 

viernes, 1 de abril de 2016

Santiscario...

El problema en principio, es lograr sentarse a escribir dejando de lado ese sentimiento súbito de que lo que no se ha creado aún ya es un fracaso. Quisiera uno como individuo sentimental,  enamorarse cada vez de la hoja blanca que se retroilumina en el monitor.

La decepción es un ítem necesario en el placard del escritor, ¿se podría hacer esa reflexión acaso? El camino de la literatura es un hombre que en el día trabaja de albañil y en las noches de demoledor.

Verifíquese mi vida, el pasaporte de mundos mejores que se me ha quitado, la sonrisa hurtada, el derecho a maravillarme. Investíguese con pulcritud y detalle los pormenores y los hechos cronológicos de la formación de mi materia. Vos te vas, y queda la noche salpicada de topacio, extendiéndose y amenazando con rasgarse, dejando al descubierto solo el vacío limpio e insustancial, mi estado de alma puro, el primer segundo del primer respiro. Nótese que para alcanzarte, extiendo no solo dedos con uñas, sino también la larva misma del soplo frágil de dios. Así, se atenúa el cuento, nada es de mi santiscario. 

viernes, 19 de febrero de 2016

El amor era una road movie



Desde las estelas sempiternas que abastecen lo perpetuo, aparece igual la ciudad, como la cabeza disecada de un alce que adorna una pared. Te paras bajo un farol y quedan las mismas dudas, el mismo hartazgo. Pintas con vinilo barrotes y velos, dibujas panoramas extensos de color crisálida. Cali nocturnal, delicada como la fina capa de epidermis del viejo que te da la mano sucia y demoledora. Tanto amor y sangre entre las grietas de esta tierra, tanto sueño fallecido, búsqueda inconclusa, tanto salirse del cuerpo. Vi suficientes brujas en la parálisis del sueño, sombras trémulas arañando la luz filtrada en la ventana, los gritos ahogados, la radio, el locutor, el amor; los ojos rojos de Reina blanca caminando en sus cuatro patas, haciendo Tic- Tac con sus uñas de marfil, sus uñas descalcificadas de quince años; compañera de sucesos. Adiós, niña minera de calcetas, mi máquina de comer croquetas.

Te veo, estas lejana casi rozando la línea que divide el horizonte. ¿Lograr despertar al cierre del amor es madurez o resignación? Lo cierto es que creamos un alma nueva dentro de la urbe que se fue amasando a partir de los aromatices desprendidos del sudor del sexo, de los gritos en un hotel de pisos de pino de la calle sexta. Caminábamos así, con nuestra pueril juventud, esperando construir conejitos y campanitas en nuestros corazones, con el desconocimiento pleno de que cada uno escondía el estilete que se afiliaría con los años. Ahora somos una amalgama de cicatrices, tú te quieres vengar demasiado y cavar mi tumba con tus propias manos, hecho que claramente niegas tras el escudo de la indignación; yo buscando el amor que terminó siendo víctima de la gravedad, escapándose por los rotos de los bolsillos de nuestros vaqueros. De saber las consecuencias, sin dilación hubiésemos atado nudos en las puntas triangulares para asegurar una vida de manos juntas.

Tengo aquella teoría de que contrataste a un loco y luego quisiste comprar una camisa de fuerza. No puedo negar que tú sanaste y yo seguí de psiquiátrico, ahí el conflicto. De todas formas, queda el amor intacto de mi parte y un sueño que visita el hipotálamo tres madrugadas de cada semana: Subo por tu piel y soy solo una boca, no humano, solo boca, todo boca, manos de boca, dientes de boca, dedos de boca, demasiado escarlata, demasiado húmedo y carnoso, me cierro en tu cuerpo como una flor carnívora, como un último gran beso que saborea todas las calles por las que pasamos alguna vez, y paso por tus dientes para arrancarte de forma infructuosa todas las sonrisas que te saqué alguna vez, y beso la parte trasera de tus muslos y una lagrima sale de la boca como si fuera un ojo y entonces, la boca ahora tiene una pestaña que te hace cosquillas en el vientre y el iris del ojo es un pozo sin fondo que en realidad es una fosa nasal y entonces, aspiro con firmeza las partículas enredadas en tu cabello desde hace cinco años cuando caminábamos por la avenida tercera norte y nos admirábamos con profundidad y fe.

También tengo esa otra teoría: que Dios quiere vengarse de mí por no creer en él; sí ya sé que me obsesiona el tópico de la venganza, cómo no dudar de la naturaleza humana y de la naturaleza misma de un Dios que ha creado esa naturaleza hija, y que además observa con indiferencia la miseria y dolor a través del claro de su nube. Entonces, pienso que debería dejar de preocuparme tanto y empezar a disfrutar de las pequeñas cosas, porque al final el único rencor, la única venganza que existe es hacia mí mismo, hacia el miedo incauto de lanzarme a la conquista, hacia la mano que se estira para cazar al sueño y, pienso que debería caminar menos mirando abajo e intentar encontrarme de nuevo, en esto, en ti si quieres volver, en las salas de cine y sus hermosas escenas que me han transformado; como cada vez en mi vida que asomé la cabeza a la ventana para observar las gotas de lluvia que se elevaban al cielo al tocar el pavimento caliente y el vapor infló mis pulmones de la esencia misma de las avenidas, que es la de cada vida que las ha pisado.


miércoles, 13 de enero de 2016

AMOR DESPUES DE TANTOS PLACERES (V2)


Después y en el presente y en el futuro solo queda el aire opaco de Cali, las tardes cansinas, las mañanas de domingo hastías, las noches de domingo acurrucados del miedo que se siembra siempre en ese mismo espacio de tiempo, pues en unas horas exiguas es levantarse y volver a morir un poco, entre escritorios entre sillas, entre ausencias de Sara, entre almuerzos baratos, entre tan poco amor, entre la guerra por sobrevivir. Tremenda forma de deshumanizar nos hemos ideado y la acogemos con obediencia no cerril porque el dinero transmuta moral y ética y alma.

Entonces Sara, aquí estamos, tú en el piso del centro de la sala con tus dedos finos levantando y acostando las paginas, yo supino sobre la segunda gaveta del armario, refugiado porque la vida da miedo; recuerdas cuando te lo dije, ahora lo repito, porque sigo siendo un cobarde, Sara. Quizás hoy, un día que no perece aun, borrar antaño no parezca una idea débil, poner el pie de hogaño con bota de punta de acero y salir a redondear los filos de las dagas que sobresalen de nuestras heridas.

Nos encontramos en las calles viejas de Cali, en los paisajes, en los pasajes, en las callecitas de cal de la Merced. Dos de la tarde. El día llora, el sol se derrama, el sol fabrica pecas, las nubes se evaporan. Yo te caí como el roció al clavel, la primavera termina en Cali; en Cali nunca hubo estaciones pero aun así termina, termina al terminarnos, las hojas fenecen en los adoquines de la Merced. Polvo de ladrillo para fabricar drogas, ahí quedaron nuestras huellas, nuestros pasos son aspirados por fosas nasales, como remembranzas que vuelan por conductos viscosos devoradores de recuerdos refugiados en la noche. Diez de la noche. Como si la hermosura pudiera evitarse, en tu rostro, en tus ojos ámbar, tus iris que atrapan zancudos prehistóricos, tu mirada que inyecta sangre, líquido vital de mi tiempo en la tierra, en tu rostro que es los murales de la Merced. Una de la mañana y caminas por los parques verdes y grises.

Vamos a un bar y pedimos un Martini, que sean dos, aceitunas en esa cantidad por vaso también. La ginebra calienta la faringe, te beso en la mejilla, luego en la comisura derecha de unos labios quemados al mediodía, te beso en el centro, abres un hueco, la puerta al nirvana, mi alabanza sempiterna, mi elegía los días de escisión.

Dos de la mañana, caminas en el borde epóxico de un andén húmedo, quieres resbalar y descansar en mis brazos, quieres que te rapte el rocío que ha salido toda tu vida de un rincón de tus ojos, llueven gotas como cuchillos de plata de numero atómico cuarenta y siete estallando en el asfalto. Dos tipos se acercan, corremos y ellos corren, un disparo al aire rompe el fascinante mutismo de la noche, tus tacones también. Hay un callejón, es el barrio el refugio, es un samán el árbol que nos sirve de almena. Los pasos se acercan, hay un olor salvaje a no nos hemos bañado desde el estreno de nuestra humanidad. Nos sorprenden por la espalda, agarran tu pelo y tiran tu cabeza hacia atrás, hay un cuchillo en mi cuello, aquel te lame las orejas y adorna el ambiente con una carcajada estruendosa, me vuelvo impetuoso y brota el calor de una línea tímida en mi cuello, acierto un puño en la quijada de uno, empujo a tu atacante, te tomo y corremos gritando auxilio. Son las tres y media de la madrugada. Cali huele a vómito y a bares cerrados. Uno grita que esas orejas son de él, su fábrica de cirios.

Saco la lengua para beber la lluvia. Juro entonces que te recordé una noche de plenilunio en la que caminaba y te hojeaba entre las frases de After Such Pleasures. Suenan las sirenas en la distancia, heraldos de la muerte.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Quizás no...

Qué quiero decir.
Si tal vez ya no queda nada
he de arrebatar mis entrañas,
cocinarlas y comerlas.
He de darle un golpe a mi corazón que duerme.

Sin embargo, continúa amaneciendo.
Y aunque se escapa de mis corneas
la belleza sutil de la luz gualda que cruza las nubes,
y aunque otrora contemplase con asombro,
siendo ser febril, sensible animal,
duende perceptible que comía líneas de lluvia,
los detalles mínimos que se alojan en las cosas,
sé que algún día volverán las letras,
el amor, la ira, la pasión, yo.

Caerá el friso protector  
y entrara el calor jovial del segundo aliento.

O quizás no.
Pues sincero lo dijo Urbina:
“mas por fortuna, tras el rapto de ira vino una dulce resignación”

Y por qué no me siento tan afortunado.

lunes, 26 de octubre de 2015

El corazón de la ciudad...


Alguna vez hubo una ciudad, estoy seguro, lo cuentan los viejos. Entre las montañas nacidas del fuego y del agua se alzaban en el centro del cuenco las casas bonitas de barro, de ladrillo y guadua, construcciones variopintas hechas con manos de amor, no de negocio. Entonces, se alargaban las sombras de las tejas azotadas por el sol que se escurría entre los arcos de los farallones y el cielo se tornaba azur por el reflejo lejano de las costas de Buenaventura. Todo era buena vibra y ritmo de timbal. En el centro se amasaban las gentes para comenzar su día con la vela de un café, ahí en la plaza de Caicedo con su panorama terracota palpitaba joven el corazón de la ciudad. No había aparecido para entonces el otro corazón, el de la ciudad tipo Joseph Conrad, el corazón de las tinieblas, “The Horror! The Horror!”. Pero eso es historia para más adelante.

Cómo decía, alguna vez aquí hubo una ciudad. Enterrada bajo tanta placa de cemento roto, intentando surgir; por eso, en las calles abundan cráteres. 
Cuentan que la locomotora del tren del pacifico retumbaba al cruzar la ciudad, con sus gritos, sus lamentos, y los niños se colgaban de los vagones mientras sentían el abrazo del viento tibio por su cuerpo. También, había una iglesia cerca de un rio que parecía un pastel de bodas, todavía lo parece, sin embargo, se pierde entre el ruido, el tráfico, la contaminación y los afanes.

Como quisiera decirle a cada persona que desacelere y mire el horizonte, y contemple la línea montañosa que se dibuja negra en contraluz al término de la tarde, pero donde hubo una ciudad ahora solo queda odio. 

Tengo un cuchillo perforando mi tórax y un hilo de sangre escurre por mi abdomen, la gente pasa, los buses pasan, las cámaras filman, se toman fotos, pero nadie se compadece, nadie busca ayuda, nadie reacciona de forma humanitaria; solo queda odio aquí. Fue el smoke, fue la pobreza, el transporte público. Fue la mamá y el papá que malcriaron, el gobierno, la inflación. Puedo ver a los niños del pasado colgados de carteras, puedo oír su boca sucia, puedo caer de rodillas lento, como en cámara lenta.

Gira a lo lejos la sirena de una ambulancia, aúlla otra por un camino alterno, y otra. Ya viene el rescate; no por amor, por negocio. Puedo ver las nubes esponjosas cara arriba en la camilla, ruedo entre un callejón de gente. Puedo ver un cielo contaminado y escucho en delirios al humo que sale rugiendo de las chimeneas industriales, a la bala que come carne, el sonido de los cuerpos al desplomarse; y entre la penuria y la desesperanza: el llanto del bebe quemado por la primera luz de vida, la risa de los niños bajo la lluvia, el sonido de un beso, las lenguas que chocan, el barrido de un paladar áspero, los gemidos del sexo, los suspiros del amor, la última bocanada de un héroe, la fiesta del sacrificio. Puedo escuchar al negro antiguo primigenio golpeando los tambores del Pacífico, la alegría verdadera, la del alma, el estado puro que nunca alcanzaremos.

Somos una ciudad construida sobre ruinas, embrujada. Todo tiene su precio, pero es mayor cuando te has hundido a ti mismo.

martes, 14 de julio de 2015

Intentos...

Te recuerdo.
Todo decae fácilmente,
Se escurre en el resquicio del ojo.

Volver a amar y a odiar y a sentir.
Al rincón oscuro de la ciudad,
A los pasos bajo candiles;
los que enmiendan errores
Con sus baños de luz amarilla.

Esta la capuchina sobre la mesa,
la cascara grisácea de  naranja,
el corazón escindido,
el brío del alma.

Perdurará en el cambio de los días
la pavura que nos da estabilidad.

sábado, 20 de junio de 2015

Pequeñas criaturas...


Sonrisa es una máscara lejana.

Dónde yacen las delicadas hadas
que sostuvieron las comisuras
de mis labios hacia el cenit.

Se han cortado los hilos de luz.
El Botox espiritual derramado en la infancia.

Pequeñas criaturas, exhumo sus despojos.

domingo, 24 de mayo de 2015

Vida atras

Quedas calma,
sonríes a la toma oblicua de una Polaroid.
Entonces, amnistía para tu vida,
el sentimiento vertical en dirección
del pulgar de buena suerte.

Queda entonces el verde aceitado del huerto,
interfecto de ciudad.

Vida atrás, cesan los oprobios y las luchas.
Tal vez hoy, sí,
empecemos a elevarnos
como globos de luz en el lente de una cámara.

Pero y sin embargo o quizás,
seamos las flores y su savia. 

Tal vez no marchitemos más.

martes, 17 de marzo de 2015

Queda por decir...

Se arrastra entre lo sagrado, blasona que puede morder y herir pero se esconde en cada gaveta. Amén de ello, podríamos entender la nostalgia como el hecho particular y aislado compuesto de briznas de “hubiera podido” o de intentos y persistencias; esa mariquita que hace barrenas en el hipotálamo los minutos antes de dormir.  Salta del cajón la lagrima de la oportunidad perdida, del París que nunca llega, de la noche estrellada obnubilada por el bombillo solitario de cada habitación. El citano y el zutano tampoco lo logran, consuelo apenas. A lograr, amanecer en una cama extranjera y no sentir el deseo imperioso del regreso, propósito en toda arista de cada existencia, el volver al amor, a la infancia, al helado de chicle, al mohín de nausea al apio, a la fé; a la época brillante en que el sueño se gestaba, no ésta, en que el cajón ya tiene su tapa y sus puntillas.

viernes, 30 de enero de 2015

Uno más...

Empezaba su viaje, 
un punto exiguo,
un plano que se extingue.
El sonido del aire al crear el puño;
la sangre, el amor, la huida, 
la vida fácil.

Empezaba como sin edad,
dibujando pirámides sobre el viento,
tempestades en su perpetuidad.
Se caían pronto con el polvo, 
el amor, los cuerpos, la luna fácil.

Los trenes, 
el ronco del metal a través de destinos. 
Al almidón en el corazón 
le llaman resignarse.
Y tú azul, bebé de saturno, 
pensando en darle al mundo
los anillos de tus años 
como edades de secuoyas,
como el paso que se traza
vertiginoso ante la posibilidad de...
Oír el silencio esparcido 
en una fecha flexible y existir.
En tu ocaso buscás un nido, 
un icosaedro, una cárcel, 
unos párpados...

Siembras palabras de pudín de chocolate,
de oídos esponjosos. 
Ya ves, vos empezás donde yo termino.

Acá, solo quedan fantasmas,
soles callejeros cantando al tiempo. 
Ya sin la palabra y la escritura...
tal vez ya no soy este día,
ese pensamiento que crece en la memoria.

Ya ves, acá no quedan la misiva, 
el poema, la prosa, la novela...
...la voz en la cabeza.

Con Ibeth

viernes, 19 de diciembre de 2014

Tanto dolor...

Quería escribir:
Pequeña ciudad fantasma,
Margaritas en vistas de aceite.
Panteón de reflexiones y robos,
Y asesinos de sangre y oficina.

Quería escribir.
Actividad olvidada en algún occipital,
Hemisferio, lóbulo licuado.

Aquí estoy, en mundo decadente,
Viéndolos esconder su tristeza de patio de infancia,
Orgullo de embozos.
Yo, que cobre los cheques de esta no vida,
te encuentro nocturnal como el termal que alivia.

Y siempre el crepusculo,
Como aquel portada de Cortazar.

Las raíces crecen en el espacio de piel y uña,
El caramelo sempiterno de tus ojos.

Quería escribir:
The life is over.
Por qué tanta mierda,
Tanta excrecencia.
Tanto miedo y tanto rencor.

Tanto dolor.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Una vida...

Sí sabias que caigo viejo,
entre brazos vetustos.
Estaban encogidas las ideas,
lívidas, pálidas, cerúleas;
hoja de papel periódico,
el tul en su falda de quince años.

Sí sabias de la vida marchitada.
El final inevitable.
El momento trashumante,
la pestaña que se curva con la noche.

Te perseguí.
Era un campo de lavanda
en un sueño acuoso;
Entre tanto aceite te encontré.

Y supe estar con los pies muy en la tierra,
El único saber no deseado.
Porque pierdo entre labios
y entre ojos mares estupendos,
costas inefables y arena en vidrio.

Sí sabias de los trozos de un recuerdo libertario.

lunes, 6 de octubre de 2014

Uno para intentar volver...


Si te resignas,
el bagazo azabache de caña no es un temporal para bailar
y cae sin gracia como desecho en la carretera,
mineral en ceniza, fruto del olvido; queda yeso,
pellejo de animal, membrillo astringente,
artefacto de vida, como la soledad.

Ya no deseas paladear el roció de un aspersor,
solo dejar que el tiempo se desmenuce como sucede.
Ser biodegradable; las tardes sedimentan tus senos.

Amor de peleas perennes, adioses,
saltos de puentes sin cabezas quebradas.
Si pudiéramos cromar el estar cotidiano,
quemar las raíces que brotan entre las heridas,
endulzar los besos,
entender que es inexorable el hartazgo,
que todo se agota.

Entonces, estaba el octavo piso,
un horizonte extenso de apertura esmeralda
y cada ojo enfocando, obturando,
congelando las hojas de cuchilla de guadua
atravesadas por el alfanje de agua en cafeína.

Y si uno pudiera arrojarse y entregarlo todo, fulminarse para nacer.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Vos...

Si no escribo es por vos.
Sos el amor en verde cicuta,
la lámpara sobre el pino
de una mesa de estudio.

Si no escribo te diré:
Caminar en la costanera.
Cartagena,
mil novecientos noventa y nueve,
un inocente niño se masturba;
pero feliz.

Bastaría culpar a la ciudad hueca,
a los padres, a los miedos,
al transporte público.
Podría acusar al trabajo,
a los autómatas,
a las camisas de cuadros,
al cielo urbano sin salpicar.

Pero si no escribo es por vos,
pues alejas los fantasmas,
acuchillas la tristeza.

miércoles, 2 de julio de 2014

Un don perdido - Un sueño

Hoy que muere el fuego, la llave,
la letra y la poesía.
Raza mía, piel maní.
Hoy que ya no sos. 

Hoy que ya son dos meses sin escribir,
por el don perdido,
por un dios que arrebata,
por el badil inservible.
Brindar, esta noche clara de Martini
por el dolor de la querida melancolía.
La daga en la aorta,
el cartílago de mantequilla.
Poder regresar y encontrarse
en servilletas, en el pintarrajo
de portadas de cuaderno, 
en el cieno en la rodilla.

Como el niño cándido en
tierras que esputan sangre.
Y sus manos han de crear sangre.

Estabas recostada contra la pared, entre las espinas de las pesadillas y las gomas del sueño. La pintura era roja y contrastaba con tu tez pálida, como sangre en la nieve, o como nieve en la sangre. De todas formas así de hermoso, así de trágico también tu semblante. Un cerebro calinoso te traza exacta, un salto en la memoria, una instantánea que se revela entre visos cromados. Por qué tan preocupada mi flecha en el esternón, mi mariposa ahogada en el estómago, mi primero de enero, mi treinta uno de diciembre si despiertas a mi flanco. Sara, huequito en mi queso-vida; si uno pudiera elegir no despertar y vivir en la casa onírica, sembrar amapolas y geranios y alguna vez orquídeas, establecerse y no envejecer, contemplar el movimiento de las estrellas en el porche (que tendría que ser uno de esos de columnas de madera que aparecen en las granjas de los trigales en las películas), callar. Entonces deshacerse de los que no pueden parar de hablar, los que quieren resaltar, ser relámpagos, porque no vale más hablar así no exista aporte, no importa que lo afirmen los psicólogos; hay en el introvertido una belleza reservada y un don de sentir, de transformar e impulsar. Sara camina entonces por un pasillo en blanco y negro, lleva un vestido de cuero azabache con encaje en la espalda, se aleja. La encuentro en un rincón arrancando las capas de pintura vieja de las paredes y entonces el cuadro ahora es el de una fotografía en una habitación de Chernóbil. Has salido a una piscina y te has lanzado, entonces en un momento irreal ha emergido del agua un cocodrilo y te ha tragado entera. Fin del sueño. Despierto con la molestia de ver tus pies desaparecer en un hocico.

lunes, 5 de mayo de 2014

Destruir...

Tu y yo que creamos y destruimos vida,
la galera rompiendo suave el temor,
es mayo en el gregoriano. Entonces,
sueñas suave como gavia al soplo, y
la espuma tenue, la nata que nos une,
mirar hacia atrás parecía tan abyecto.

Amor, hoy que no queda la poesía,
o que nos queda la poesía
y estamos aquí, parados y estancados
por la realidad basta;
Entonces continuar,
lamerte las orejas,
escarbar en tu cabeza,
encontrar el viaje perdido,
asesinar al cerebro que nos asesinó.

Sentir el día fenecer con el abrazo.

sábado, 12 de abril de 2014

Otro Capitulo...

Las nubes son rojas ante los rayos de sol, las imagino quemándose entre llamas azules como algodones que hacen combustión bajo el lente de una lupa. Juego como un niño a descubrir dragones entre las motas y las curvas. Mi brazo está dormido de tanto pensar apoyado sobre él, lo extiendo y abro y cierro las articulaciones de las manos para que la sangre fluya, pienso en las arrugas del vestido de Sara, en su mirada ingenua al ventilador que gira en el techo, ella lo observa hace horas acostada en el piso. Fuma y las estelas blancas de humo suben y se dispersan entre las aspas. Los dos somos tristes, los dos silentes, ambos felices y bipolares, de arriba a abajo como un electrocardiograma. Somos seres de luz; dos ángeles de tez dorada atrapados en el pantano. Somos mascaras entrelazadas; disfraces que amanecen, sandalias desgastadas.

Excelente pedacito de cielo claro, sueño con darte besos de café y tabaco, con arrancarte ese Lucky Strike de los labios y morderlos, desprenderles la piel superior hasta que se tiñan de un carmín profundo, guardar los pellejitos en mi cartera entre dos laminas plásticas para recordar tu boca anisada cuando se me antoje, tu lengua pasándome aguardiente de anís, o eran babas, en todo caso embriagan, qué cosa más tierna. Me antojo de tu paladar pastoso, de las venas azules y delgadas que se trazan debajo de la blancura de tu rostro, de tus dedos desfigurados por los trabajos manuales, que saben explorar con aprehensión los puntos que hacen subir el iris de cada ojo, hasta que quedan ocultos por la piel exigua de los párpados.

jueves, 13 de marzo de 2014

Naturaleza...

Esta naturaleza se deshace como masmelos en fuego de granja, como vapor en pulmón, el humo evaporado en las charcas  de la ciudad a la hora de la siesta. Dime que podemos colarnos en el cedazo del sueño sobre lo cotidiano. Que podemos moldear en barro como ánfora la insatisfacción, los días que no llegan, la vida que no era, lo que es pero no quieres que sea.

Estaban al dormir los tornasoles del manto extendido en el horizonte, los alhelíes en flor, en botones, la noche en flor, dolor de presionar las palmas en la ventana al lamer las gotas del otro lado del cristal y verte diáfano, a toda resolución, como un sueño en detalle y leve y, jardines y efigies en él;  pequeños habitantes y clones segregados en los estuarios que nunca veras. Pues te quedas río.

Colmaba el lagrimal aquel evento brutal de poner el pie sobre la loza fría a las cuatro de la mañana. Era un día de semana.

lunes, 24 de febrero de 2014

Atras...

Desear volver,
destapar la alforja,
subyugar las penas,
teñir el agua de arte,
tañer el arte acuarela.

Ondas….
…Concéntricas.
Retornar al círculo prístino.

Sentir el caudal de tu arteria,
tu arritmia cardíaca,
tus caminos rotos,
tu Infancia pesada.
Llantos rodados
por carriles de rostros.

Desear volver.
Tú también amabas
un nuevo comienzo,
yo también te amo,
me amo antes incluso.
Volver un cron y hacerlo bien.
Obligarnos pues no
sonríe otro camino,
al giro de la clepsidra,
a la aguja hacia la izquierda,
al semáforo hacia el cenit.

Dolor perfumado, dolor de mirra.
El terminal nervioso estimulado
es una pluma que se alza.

martes, 18 de febrero de 2014

Amor después de tantos placeres...

Leías y el escritorio sostenía Amor 77 de Cortázar. Entonces estaban las almendras con su sabor neutro, las al-neutras, las abejas, los sabores, los exiguos zumbidos de una mañana trasnochada. Todo en la amalgama de tu saliva. Corriste el velo, algunos días entendimos que podíamos aburrirnos de nosotros mismos, que la poesía no es tan bella cuando la atropella la realidad, que la ciudad es inmutable, inexorable titán de cemento que te deja cicatrices. Te deshiciste como los jirones de la camisa de un vagabundo, entonces  también me escurrí hasta las rodillas. Una tarde, una tarde de esas verdes acuarelas de pinturas hermosas, de esas aceitosas pudimos abordar un tren y cambiarlo todo, mas llego la cobardía a arrebatarnos el tiquete. Ahora solo nos quedan las legañas en reemplazo de la nieve de una calle de Múnich; juro entonces que te recordé una mañana de plenilunio en la que caminaba y te hojeaba entre las frases de After Such Pleasures. Suenan los frenos de aire en la distancia, heraldos de la muerte.

lunes, 3 de febrero de 2014

Jugando...

Entonces te encontré en las calles viejas de Cali, en los paisajes, en los pasajes, en las callecitas de cal de la Merced. Dos de la tarde. El día llora, el sol se derrama, el sol fabrica pecas, las nubes se evaporan. Yo te caí como el roció al clavel, la primavera termina en Cali; en Cali nunca hubo estaciones pero aun así termina, termina al terminarnos, las hojas fenecen en los adoquines de la Merced. Polvo de ladrillo para fabricar drogas, ahí quedaron nuestras huellas, nuestros pasos son aspirados por fosas nasales, como remembranzas que vuelan por conductos viscosos devoradores de recuerdos refugiados en la noche. Diez de la noche. Como si la hermosura pudiera evitarse, en tu rostro, en tus ojos ámbar, tus iris que atrapan zancudos prehistóricos, tu mirada que inyecta sangre, líquido vital de mi tiempo en la tierra, en tu rostro que es los murales de la Merced. Una de la mañana y caminas por los parques verdes y grises, el cerebro que entiende que no se puede.

sábado, 18 de enero de 2014

Ultimo...

Por qué será que la vida es una mierdita.
Una pequeña, brillante, fragante,
Una ocre, esponjosa, pastosa.
Por qué será que nos gusta ungirnos,
Meter las uñas y los pies,
Y luego un día está en tu cuello.

Por qué una mierdita.
No existe un dios entre los
Terrones azucarados del cielo,
O es un dios mosca.

Por qué te tenías que ir,
Como una mosca se aleja del fiemo.
En ese símil tú eres la mosca.

Por qué la vida es una maravilla,
Por qué el aura del universo
Chorrea tras mi ventana colores sangre,
Que son inútiles en soledad.

Para qué todas las dádivas,
Las luces rojas de stop tras la mollizna,
Los matices de las libélulas;
Caballitos del diablo
En fotogramas de mi infancia.

Para qué la carne de los labios,
Para qué toda esta rabia esclava.

Para qué todos los regalos si no estás.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Take a sad song and make it better...


Soy un cántaro vacío o quebrado,
la tristeza es furiosa conmigo;
pero ahora es un forastero
en una ciudad metálica
que se llama resignación.
El bosque se ha replegado
y el sol que funde las pupilas se desfigura
entre las sombras de la Torre de Cali.

Creo que han muerto los que necesitaban los rayos UV.
Las orquídeas de vainilla desnudas y errantes
ya no crecen en la ciudad / ya no crecen.
Si pudiéramos comerlas, si nos rebasara
el deseo para guarnecer la amargura.

Como las flores de mi cornisa, nunca está quieto mi olvido,
sacude mi cama / me tira los libros tanta cama / tantos libros,
tanta mollizna en el pelo me envilece, me confunde, los pasos incipientes,
la primera gota de lluvia rasgando el algodón en el cielo,
derramada en la punta de una nariz.

Tú me pedias un poema que termine con
“las flores que nos nacen en la boca / la palabra”.

Como si algo pudiese brotar en/de la ciudad.


Escrito con: http://gritosdetintaypapel.blogspot.com/

Buscar este blog

Páginas

Alma...

"Sobre el montón de escombros, sobre la desventura  De tanta vida rota, de tanta fuerza inerte,  Se desgranó la lluvia tenaz, nutrida...

Search