lunes, 24 de febrero de 2014

Atras...

Desear volver,
destapar la alforja,
subyugar las penas,
teñir el agua de arte,
tañer el arte acuarela.

Ondas….
…Concéntricas.
Retornar al círculo prístino.

Sentir el caudal de tu arteria,
tu arritmia cardíaca,
tus caminos rotos,
tu Infancia pesada.
Llantos rodados
por carriles de rostros.

Desear volver.
Tú también amabas
un nuevo comienzo,
yo también te amo,
me amo antes incluso.
Volver un cron y hacerlo bien.
Obligarnos pues no
sonríe otro camino,
al giro de la clepsidra,
a la aguja hacia la izquierda,
al semáforo hacia el cenit.

Dolor perfumado, dolor de mirra.
El terminal nervioso estimulado
es una pluma que se alza.

martes, 18 de febrero de 2014

Amor después de tantos placeres...

Leías y el escritorio sostenía Amor 77 de Cortázar. Entonces estaban las almendras con su sabor neutro, las al-neutras, las abejas, los sabores, los exiguos zumbidos de una mañana trasnochada. Todo en la amalgama de tu saliva. Corriste el velo, algunos días entendimos que podíamos aburrirnos de nosotros mismos, que la poesía no es tan bella cuando la atropella la realidad, que la ciudad es inmutable, inexorable titán de cemento que te deja cicatrices. Te deshiciste como los jirones de la camisa de un vagabundo, entonces  también me escurrí hasta las rodillas. Una tarde, una tarde de esas verdes acuarelas de pinturas hermosas, de esas aceitosas pudimos abordar un tren y cambiarlo todo, mas llego la cobardía a arrebatarnos el tiquete. Ahora solo nos quedan las legañas en reemplazo de la nieve de una calle de Múnich; juro entonces que te recordé una mañana de plenilunio en la que caminaba y te hojeaba entre las frases de After Such Pleasures. Suenan los frenos de aire en la distancia, heraldos de la muerte.

lunes, 3 de febrero de 2014

Jugando...

Entonces te encontré en las calles viejas de Cali, en los paisajes, en los pasajes, en las callecitas de cal de la Merced. Dos de la tarde. El día llora, el sol se derrama, el sol fabrica pecas, las nubes se evaporan. Yo te caí como el roció al clavel, la primavera termina en Cali; en Cali nunca hubo estaciones pero aun así termina, termina al terminarnos, las hojas fenecen en los adoquines de la Merced. Polvo de ladrillo para fabricar drogas, ahí quedaron nuestras huellas, nuestros pasos son aspirados por fosas nasales, como remembranzas que vuelan por conductos viscosos devoradores de recuerdos refugiados en la noche. Diez de la noche. Como si la hermosura pudiera evitarse, en tu rostro, en tus ojos ámbar, tus iris que atrapan zancudos prehistóricos, tu mirada que inyecta sangre, líquido vital de mi tiempo en la tierra, en tu rostro que es los murales de la Merced. Una de la mañana y caminas por los parques verdes y grises, el cerebro que entiende que no se puede.

sábado, 18 de enero de 2014

Ultimo...

Por qué será que la vida es una mierdita.
Una pequeña, brillante, fragante,
Una ocre, esponjosa, pastosa.
Por qué será que nos gusta ungirnos,
Meter las uñas y los pies,
Y luego un día está en tu cuello.

Por qué una mierdita.
No existe un dios entre los
Terrones azucarados del cielo,
O es un dios mosca.

Por qué te tenías que ir,
Como una mosca se aleja del fiemo.
En ese símil tú eres la mosca.

Por qué la vida es una maravilla,
Por qué el aura del universo
Chorrea tras mi ventana colores sangre,
Que son inútiles en soledad.

Para qué todas las dádivas,
Las luces rojas de stop tras la mollizna,
Los matices de las libélulas;
Caballitos del diablo
En fotogramas de mi infancia.

Para qué la carne de los labios,
Para qué toda esta rabia esclava.

Para qué todos los regalos si no estás.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Take a sad song and make it better...


Soy un cántaro vacío o quebrado,
la tristeza es furiosa conmigo;
pero ahora es un forastero
en una ciudad metálica
que se llama resignación.
El bosque se ha replegado
y el sol que funde las pupilas se desfigura
entre las sombras de la Torre de Cali.

Creo que han muerto los que necesitaban los rayos UV.
Las orquídeas de vainilla desnudas y errantes
ya no crecen en la ciudad / ya no crecen.
Si pudiéramos comerlas, si nos rebasara
el deseo para guarnecer la amargura.

Como las flores de mi cornisa, nunca está quieto mi olvido,
sacude mi cama / me tira los libros tanta cama / tantos libros,
tanta mollizna en el pelo me envilece, me confunde, los pasos incipientes,
la primera gota de lluvia rasgando el algodón en el cielo,
derramada en la punta de una nariz.

Tú me pedias un poema que termine con
“las flores que nos nacen en la boca / la palabra”.

Como si algo pudiese brotar en/de la ciudad.


Escrito con: http://gritosdetintaypapel.blogspot.com/

jueves, 7 de noviembre de 2013

...de dos

J: Qué si te vi expirando en el telón del anochecer.

I: -Carita de sorpresa-

J: Tras las gotas de lluvia
    para renunciar o volver,
    volver,
    volver…

I: “y luego colorear la vida de un ámbar profundo”.

J: Como si se pudiera rescatar el ADN de los días,
    de la cerveza, de la alegría que no existió,
    de la tristeza tan impoluta y presente,
    tan prístina, como la sangre en el oído;
    creo que fue porque la realidad nos estalló de perfil.

I “Entonces de bohemia,
    de lo fatuo de los días”.

J: ¿Qué si decidí renunciar? Hecho inexorable,
     acción atroz, escena ineluctable pero necesaria.
     Te vi nacer entre la nieve de las coliflores.

I: “lo concluyente de las despedidas siempre ha sido el ciego exilio,
      lo fatuo / la bohemia / el sonido que se apila,
     Julián halla el desencanto / no sabe quién es,
     sueña espectáculos de muerte / lúdica seriedad,
     dicha ilegal / donde yo escribo un silencio,
     renuncias es verdad / vuelves / la cosa es hacer nacer tristeza y calle.
    Te vas porque escribir no hace bien”.

J: Y....qué si decidí que no se puede/debe regresar.



I, escrito por http://gritosdetintaypapel.blogspot.com

jueves, 31 de octubre de 2013

Elevarse...

Se pasó tejiendo tanto la vida que tejió una jaula; la verdad, debió pensarlo menos, tenía el alma herida por la meditación. Todo lo que perdió, los otoños entre los álamos de hojas color albor, las cortadas al afeitarse sin prudencia, el picor del pasto mojado; nada volvería, ni el naranja ni el rojo ni el verde. En cambio, saboreó el acero de cada barrote para echarle más sal a sus días. ¿Puede alguien exhumar el sabor de la lluvia o tan solo guarnecerse? Cómo te adoro entre remembranzas, navegando tu silueta entre una manta eléctrica y los gritos en el hotel donde todos sabían nuestros nombres, y Martha con su ropa empapada escurriendo en el filo de la piscina dos lustros atrás y, el columpio vacilando de la tierra al cenit.

Como si la vida pudiera elevarse. 

domingo, 6 de octubre de 2013

Everything is broken...

Si volviera a nacer trataría de no aburrirlos con tanta melancolía, extrema, atiborrada, cansina. Escribiría aunque sea una cosa feliz en este blog.

Escucho a Dylan y suena bien, es de esos días en que el paisaje a través de la vista parece la toma de una película indie y el aire se ve granulado; y Dylan suena bien, es de esos días. Con los años me pregunto si Capote en realidad perseguía un objetivo de simplicidad o tan solo estableció una excusa bucólica a su hartazgo hacia la belleza, a la imposibilidad que se siembra con los años de crearla. Son las siete de la noche y afuera ruge el motor diesel de un bus rojo, dos tallos de un árbol enjuto se menean con el viento, “Streets are filled with broken hearts, broken words never meant to be spoken, everything is broken”. Las letras están rotas y la edad. El miedo esta desmoronado porque cesa ante la resignación. Estoy roto y mis manos ya se pintan viejas, entonces, no paro de dictarme apologías, de pedirme disculpas, de decirte joder niña blanca de ojos jarabe cuando te vi en la librería el tiempo obtuvo su valor su oro y eras una pequeña crisálida quebrándose en las ramas de la ciudad nocturna colmada de granizados de café y desayunos con pandebonos y piernas desnudas con una falda sin medias para mostrar las venas glaucas como una luz que te da permiso a transitarlas.

Y el fusil en los oídos: “everything is broken”.

lunes, 23 de septiembre de 2013

La espuma en las orillas...

Yo que soy un cóndor de alto vuelo,
zopilote de alas heridas.
Un ave de matices surtidos.

Roble astillado como esmalte dental
que ha recibido suficiente vitamina C.

Yo, que te vi saltar entre demonios
y levantarte mujer; culmen  de otoño,
dije de amatista, de color de labio.

Cada instante en su relicario.
La espuma en las orillas
hace unas barridas de agujas
se disipo como senda de nahuel.

Eres el corazón que sangra entre los dedos,
la fe, la fe deshojada, la fe en estaciones,
el mar estupefacto, la arena dorada,
los granos bruñidos; peldaño
de una vida que fui dormido.

Yo, que ya agoté la vida tras el burato de Morfeo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Out of Pasión...

Cómo te extraño,
Claro llanto de una madrugada febril,
El olor a palo de rosa y aceite de limón.

Cómo los extraño,
Pensamientos de servilleta,
De portadas de cuaderno.

La vida tiene su guillotina final.
Nos queda el canto de papel,
Tus maravillosos senos,
El brillo de las calles engrasadas,

Cómo las extraño,
Lagrimas amigas,
El sabor del mar en la lengua.

Y si se pudiera soñar,
Quemando a la irremediable realidad,
Ser mezquino con los días de trabajo.
Olvidar que todo se olvida, toda se acaba.

Mas todo se acaba, todo se agota.
Todo se olvida y yo ya olvide hacer esto, y a mí.

O es que acaso no quedó claro en las diecinueve líneas previas.
Out of pasión.
Perdon.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Agosto...

La voz agitada, entrecortada, un bemol o un sostenido, la vida se balancea entre ellos dos pero nunca en una nota central, y todo lo que aprendimos de la música argentina; las grandes historias no solo estaban en las letras de las canciones o en los guiones bien estructurados para mentir. El sabor del aguardiente que quema la faringe o las neuronas, los “adiós”, existe con seguridad un día en que llega el declive y recuerdas con quietud colorida los días tiernos y templados del pasado, de la fe sempiterna. A vece recorro los andenes y miro el suelo y miro mis pies y miro los niños en los semáforos con los parpados empolvados y sus caritas tristes de puta vida y me alegro de mi fortuna o me entristezco de su desgracia. En el ínterin, estoy mirando el techo tendido sobre la cama esperando la coloratura de los días. Somos estas figuras delicadas de celofán agujereado, es agosto y vuelan los papalotes, vuelan las caricias, vuela tu azul sobre el azul del cielo, vuela la calesita girando entre las nubes y es los caballos de Helios hartando algodón de nimbos, y vuela la alegría quizás y ojala como un boomerang.  

lunes, 15 de julio de 2013

Esperando el bus...

Y si te hubiera dicho que la vida se trataba de arrojarse
de aquel taxi en movimiento en las horas del maitines,
quizás no me hubieras creído. O tal vez era demasiada cuita;
el sabor a leche agria que sobraba en nuestros días.

Por aquellas fechas marcadas en el calendario,
todavía mis ojos disfrutaban con las hadas,
y mis oídos captaban las pequeñas arañas
que cuelgan de los semáforos diseñando destellos roji-verdes.

Entiendo con certeza pura que el carisma de la inspiración
perece con el trajín de la mente.
Sin embargo, la tristeza no se apea.

Yo quería explorar mundos lejanos; pero aquí estoy, esperando el bus.

miércoles, 3 de julio de 2013

Solo un rastro...

Allá arriba, entre las horas de oficina, un cerebro calinoso.
No esperen al viejo del espejo. Nunca más.
Solo a un rastro, a una silueta dilatada;
como tela negra desgarrada en el cemento.

A través de las costillas una lanza de tristeza.
Hubo un día en que soñamos un blasón;
estábamos los dos en el corazón de una manzana
y al abrir las vistas nos inundó el aire y el óxido.

Hubo un día en que soñamos un emblema;
Y era acerca de nuestro hogar pordiosero.
Estaba yo, de rodillas sobre los ladrillos,
con las manos en el marco de cedro de la chimenea.
Intentando exhumar las sombras.
Bordando un león que ya caía derrotado.

viernes, 14 de junio de 2013

Como viendo a través del agua...


Tengo el recuerdo en carbón de algunos días pardos,
de las frases en las servilletas,
del papel frágil doblándose en las manos.

Recuerdo el lunar sobre tu labio,
una primavera estallando,
un invierno que llegó para quedarse.

Eran las siete de la noche cuando el cuaderno se abrió por primera vez,
y me abandone, y creo que los deje a todos atrás.

Recuerdo los balcones blancos de queso crema,
los caminos de guadua; y como se ve a través del agua, que era feliz.

jueves, 16 de mayo de 2013

Pequeña mansedumbre o cómo aceptar la vida a los 27...

Resignarse. Amar, soñar, odiar.
Ser polvo para no llegar a ello.
Darse cuenta de que la vida es así:
uniforme, áspera, lisérgica;
Un mosaico en vidrio de iglesia,
Un vivaz cuadro pop art.

Que los sueños no valen un ardite,
y pasas la mitad de tu vida asumiendo que lo eres
pero no lo eres, que lo podes, pero ahora la realidad.

Ella estaba clara a través de la lente,
era una Polaroid o una Genius barata.
Ahí, entre los pixeles brillaba la dentina;
Era su sonrisa, el rosa, de vuelta a antaño.

¿Y si la vi el día que olvidé escribir?

martes, 16 de abril de 2013

Decirte...

Quiero decirte que sí,
que tengo miedo a la vida.
Temo recorrer el resto de mis días así,
Siendo un esclavo y un actor;
Siendo un mimo entre cristales.

Quiero decirte que últimamente escribo prosa, porque ya, ya no se me ocurren grandes poemas, y todas esas frases sueltas y casi bellas que cavilaba se desvanecieron con la inercia y la resignación. Por eso estas palabras despojadas.

Quiero decirte que estoy asustado.
Los días son una línea blanca
en un lienzo oscuro,
que no se agrisa
ni cambia de trazado.

viernes, 12 de abril de 2013

Memorias...

Soñé que éramos madejas entrelazadas en el efluvio nocturno. ¿Recuerdas cuando soñaba? Eran las cuatro de la tarde de un miércoles de esos habituales y la mesa de madera tenia encima un pocillo con figuras de chocolate. Creo que te dije que te desnudaras porque en ese tiempo todavía las cosas conservaban el sentido. ¿Te acuerdas cuando soñaba? Tal vez fue solo la imaginación, suave y cierta, y podía sentir el velamen de mis horas ensanchándose entre el cielo azur; los pies tan etéreos en la espuma de las aspiraciones. Me reconstruyo en los parques de mi infancia, veo un niño famélico corriendo sobre el pasto alfombrado, deseoso de tener las rodillas carmín. 

Recuerdo que aquel niño tenía una sonrisa. Por otro lado, no recuerdo a la sonrisa en sí.

domingo, 7 de abril de 2013

Bifurcaciones...

 Y recordé entonces aquella tribulación de la melancolía de Ozymandias, como si la galerna borrara todo rastro de nuestro sablón. Que somos como un Martini: presos, semitransparentes; entre las paredes de cristal que contienen toda nuestra furia, todos nuestros arrebatos, nuestra pasión olvidada. Y uno trata de recordar los amaneceres mejor coloreados, en los días de antaño, cuando te levantabas de la cama de un salto y parecía que la vida podía conquistarse; antes de que escogieras la vía principal porque las bifurcaciones no estaban despejadas.

miércoles, 13 de marzo de 2013

101, el punto.

Es martes y el orvallo enternece,
baja vertical a los parpados que descubren.
Al fondo y tras la retina un cementerio vacío.

Recuerdo y es una imagen a lápiz
de un campo de gladiolos sempiterno.
Y todos los sueños que soñé
son un tinto a las tres de la tarde;
Un camino virgen que se borra.

Está bien concluir así,
Como papel fotográfico en blanco.
Como si acaso estuviera naciendo.
Como trazando un ultimo intento.

viernes, 15 de febrero de 2013

La vida...

…como si uno pudiera disfrazarse en octubre y conservar la decencia. Eso de ser un animal solitario te complica los días. La vida se trataba de hacerse el intelectual, a ver si eso sí funcionaba. La vida se trataba de despertar y trabajar ocho horas. La vida se trataba de que Guille un día lo tirara todo a la puta mierda y se le cocinara la mente y la normalidad y se volara de la casa para ir a vivir libre, pobre, pero libre.

Natalia aparecía en visiones de venas llenas de bazuco, Natalia estaba en los sueños, estaba en las vagabundas de ombligo sucio que se comía una vez al mes para desfogar. Claro que antes debía haber una velada romántica, pues Guille siempre fue un caballero; entonces tendía sobre una canasta de gaseosa las hojas de un periódico y allí colocaba sobre círculos de cartón dos panes aliñados con queso amarillo. Las velas las robaba de la iglesia de San Fernando. Así conquistaba a la mujer de turno, todas igual de confundidas pues sabían a lo que iban y no entendían semejante prefacio.

jueves, 31 de enero de 2013

Uno para descartar...


Allí estaba el viaje, pendiente.
Noctambulo, entre cartones
y estuches de cuero.

Aquí está el presente,
que huele a la tez arrugada
y azulina de unos labios.

Sobre la hoja de madera
Que recibió tantas lágrimas,
ahí el pasado; con su olor
a costas de Lima, y a la cortina
de boira espesa y de
flan melancolía.

Aquí está el presente,
Y camina de puntas
el fracaso, valetudinario,
con su túnica y bastón.

Allá estaba el viaje, desdeñado, en el primer verso.
Pues vacíos de bríos escogimos ejidos de balcón.

miércoles, 2 de enero de 2013

Tal vez...


Si el viento nos trajo hasta aquí, entonces tal vez es que somos hojas marchitas.

Recuerdo las hojas de maple cayendo con cadencia en las escenas de las películas viejas. Los pámpanos de la vid floreciendo entre el rocío del campo. Te recuerdo así, apresurada, verde, eran los primeros días de marzo y entonces te cubrías con tu manta de lana y vicuña y decías que la vida daba frío  Corrí un poco la cortina, solo un poco, es que siempre temí a las miradas ajenas. Entonces vi los edificios arrancándole el alma a la tierra, con sus ventanas tan personas, tan iguales una a la otra. Así son estos días, ulteriores, decididos, definitivos, son un fin en un comienzo tardío, un chapuzón en pleamar. Cuánto desearía escribir, que no alcanzaran las servilletas para todas las ideas; supongo que la prisión de ocho horas en semana por fin logró arrebatar mis restos de pasión.

Si el viento nos trajo hasta aquí, entonces tal vez es que tuvimos miedo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Siluetas en el agua...



Supongo entonces que esos tiempos declinaron,
que la belleza se escondió bajo mis zapatos.
Tal vez el macadán dejó piedras enterradas en sus
Parpados.

Fue quizás que los días eran una reduplicación,
y las albuferas ya no eran del color de la piel.
Allí, cobrizas  bajo un sol halado por
la línea del horizonte.

Las siluetas en el espejo de agua,
las remembranzas, el olor de la canela,
las marquesinas para no escaldarnos.

Cada día ocultándonos del sol,
Esperando que las sombras esclarezcan.

domingo, 18 de noviembre de 2012

El despertar de los ángeles...

Amanecía, las ideas se fundían en el crisol de su pensamiento, abajo el verde tapete natural brillaba aceitoso por el rocío de la mañana. La aurora saludo a dos pequeños mirlos acurrucados bajo las ramas de un majestuoso ciprés mientras limpiaban sus plumajes uno a otro y buscaban insectos para alimentar su ego terrenal. El helado viento matutino penetraba hasta los huesos de los más abrigados, haciendo salir con cada exhalación una bocanada de aire mentolado blanco que se perdía en la lejanía del cenit.

Las delicadas gotas de escarcha en las ventanas brillaban como finos diamantes al acariciar los rayos del sol y avergonzadas cada una de su desnudez natural se apresuraban a deslizarse lentamente por el vidrio hasta morir en el marco inferior.

A primera luz los buses escolares sonaron sus frenos de aire y la sonrisa nerviosa de los estudiantes se dibujo en sus rostros expectantes y amargados, deseosos de finalizar el día. William cerro sus ojos, tomo una bocanada de aire y respiro un poco de la esencia del universo. Pensó: hoy si le diré, hoy si le diré…. Recorrió el largo pasillo de la casa medio alumbrado por la luz del alba, eran las 6 de la mañana. Abrió la puerta de su casa y paso bajo el dintel de la puerta saludando al viejo samán que se posaba imponente ante la fachada del edificio. Empezó a caminar, el suave céfiro hacia flotar sus cabellos como en una danza mística hacia el sol, vio salir algunos de sus vecinos, esos mismos que habían vivido toda la vida junto a el pero que aun no conocía, que ironía pensó, nosotros mismos nos encargamos de cerrar nuestros corazones y de hacer nuestra propia fortaleza de soledad y olvido. Siguió caminando, vio en la copa de un árbol a dos palomas jugueteando y entonces se dio cuenta que solo los humanos buscamos alejarnos, los animales en cambio no se gobiernan por el orgullo y se guían por su corazón. Las aves volaron juntas hacia la eternidad del cielo azul naranja en el momento que el muchacho pasaba debajo de aquel árbol, entristecido y con las manos en los bolsillos pensando que el amor es la sangre y las venas la vida. William siguió caminando con un solo pensamiento en su mente, llego a un cruce y se paro en el borde del andén a esperar la oportunidad de pasar. Bajó su mirada y vio un charco en la calle, notó su reflejo en la mezcla irisada de agua y aceite y pudo ver sus dos alas, - esas que tenemos todas las personas y que cuentan la historia de nuestras vidas - una de sus alas estaba rota, fue cuando dejo de creer en el amor, la otra estaba sana pues representaba la esperanza perenne e imperecedera. Alzó de nuevo su rostro y distinguió sorprendido al otro lado de la calle su razón, era Emily, la miro de soslayo y sintió un profundo miedo en su corazón, como cuando se sabe que estas muerto en vida sin ella, como si el tiempo y el espacio y el universo susurraran su nombre sin descanso. Emily esperaba en la esquina sin haberle visto, sus alas se erguían altas y brillantes hacia el edén y su tersa piel nacarada era el estuche perfecto para tan divina persona. Sus ojos brillaban como si nada malo pudiera pasar, su cabello caía suavemente sobre sus hombros formando una onda como las olas del mar, sus labios llamaban al crimen y su voz era un canto de sirenas. Al otro lado de la calle William musitaba: le diré, le diré, cada emoción, cada temblor. Se conocían hace cuatro años pero el miedo les había robado el tiempo. Se dirigió a su encuentro, empezó a cruzar la calle tan ensimismado y nublado que solo oyó un grito y luego el ruido rechinante de unos frenos……... el mundo dio muchas vueltas y su mejilla izquierda beso el pavimento. Mucha gente se amaso a su alrededor, sintió un liquido caliente y espeso recorrer su cuerpo, vio llegar a Emily entre la gente y entonces, con una sonrisa casi lúgubre en su rostro sus ojos se apagaron para siempre.

El sacerdote decía las últimas palabras, al fondo de la capilla una corona de flores entrelazada con una cinta violeta decía en letras doradas: “a la memoria de William”, en los rostros de algunos familiares y presentes se asomaban algunas lágrimas por debajo de las gafas oscuras.
Emily estaba parada en la parte trasera del recinto, las baldosas negras y melladas del templo hacían juego con el rimel que se corría de sus ojos deslucidos, su voz estaba temblorosa y un poco ronca, en su cara se dejo ver la tristeza del que tiene un asunto pendiente sin solución y en sus labios tan solo se mecían las mismas palabras una y otra vez: por qué no te dije, por qué no te dije…te amo.
Emily dejó el oratorio, empezó a caminar sin rumbo y en un descuido tropezó con una roca y cayó al suelo, cuando se levantó sobre sus manos vio un arroyo a menos de un metro, se acercó para lavarse la cara y entonces vio una de sus alas rotas.

jueves, 18 de octubre de 2012

Nada había cambiado...

Y entonces las góticas de antaño
olían a alcanfor, a espacios de
tiempo y a crisálidas muertas.

Tenían el cortés efluvio
de una rayuela olvidada;
Que un día decidió partir
y se perdió entre penachos
verdes en majadas en patios
huérfanos.

Ella, con la boca en pastelito mordido,
tragando polvo, como plancton.
Hizo cimeras de hierba sobre su cabello,
dormitó sobre las bancas húmedas.
Y un día de esos en que el cielo
parecía abrumado y hastío,
regresó y nada había cambiado.
Eran las mismas letras y yo,
Y yo, tan sumiso, cabestrante
de una vida con violines.
Tan no escritor.

Como si los días se pudieran renovar.

jueves, 4 de octubre de 2012

De ti...

Cada día todo se torna más bello y cándido,
como una jarcia envuelta en grumos de acuarela
que va soltando manchas azules sobre tus pies.

Cada día se trata de despertar y verte allí,
con los cabellos hirsutos a través de un cristal
plomizo por aire de bostezos.
Imagen en degrade,
frazada de seda,
cascos de mandarina
en aquel eco.
Y todo tiene el sabor
y la textura y la mixtura de ti.

Mientras, la gente se ve difusa
y las luces de los autos parecen
líneas de sangre.

Es que los autos aplastan sueños
en su afán por llegar.

domingo, 26 de agosto de 2012

2/7...

Y aquí estoy, este idiota pedazo de preso;
vagando en paisajes divididos por líneas
y en las mañanas esperando las tardes.

Y así soy, como una cascara de naranja
que se dobla y despide sus góticas
acidas a los ojos de los mirones.
Y esta ropa ya me queda exigua.

Todo el rocío que he atrapado con mi lengua,
tenía sabor a tiramisú traído por el cierzo de Véneto.
Todas las olas en el aljibe de mi boca
son la tormenta de otro continente que me llama a arriesgar.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Células ajenas...

Quiero derrumbar sobre ti
la tierra de un alud que baja
rozando dócil la montaña.
Quiero cubrirte de nieve
Y lamer el agua derretida.
Pensar y arrastrarme;
es que en la reflexión
se oculta la lágrima.

Quiero alcanzarte allí,
donde las fresas son blancas
cerca del tallo y se tornan
coloradas en la punta de cuchillo.

Quiero escribir otro “Pasos”,
Solo puedo escribir esto que no quiero.

Quiero saber que sabias que perdimos.
En los surcos de nuestra piel quedaron
Células muertas ajenas.

lunes, 23 de julio de 2012

El Ropero

El hilo de luz, que se escurría por el espacio que no dejaba sellar por completo las puertas del ropero, dividía su rostro con una línea amarilla, pasaba por los vellos de la incipiente unión de sus cejas y a cada vera sus pómulos ensombrecidos y sus ojos agrisados y las lagrimas de temor opacadas en la oscuridad. Con un ojo atisbaba a ciertos intervalos por el intersticio y sus cabellos pardos los mordía y ya brillaban por las babas. Su padre resollaba afuera, le decía que saliera, que carajo aquí no se hace lo que a usted se le da la gana, que aquí el que mando soy yo. Y la libertad interfecta un poquito en el seno de la familia, que es la cárcel que a todos nos toco sufrir hasta que se ganaron las guerras, y hay quienes nunca las luchan. El padre de Paula caminaba de la puerta hacia adentro y de adentro de la habitación hasta la puerta, así en constante vaivén, como el caminar del que reflexiona, y alborotaba con sus pies las hojas de papel con poemas escritos regadas por todo el suelo. Paula lo tiraba todo al suelo, pensaba que el tiempo que debía invertir organizando, se podía ocupar en menesteres de mayor valía - y podría concluir cualquiera que quiera razonar un poco, que en este juicio, ella contaba con la verdad -. Las envolturas de gomitas y los dibujos de niña de escuela y la ropa de la semana pasada y los libros de Nabokov mezclados en la superficie de su habitación. Su padre intento por dos horas que ella saliera de su escondite sin conseguirlo. Maldijo, golpeo las puertas del ropero, quebrando la capa de barniz que protegía la madera. Paula resistió, lamio sus lágrimas que sabían a las sopas saladas que cocinaba de almuerzo su mama en los días lejanos cuando era la niña de la casa, en el pueblo, bajo el sol confortante que dejaba tibia la piel, entre la brisa rápida que se apresuraba abajo por las vertientes de las montañas, en las cuevas, donde las balsas de agua clara atrapadas en la piedra refractaban las luminiscencias que entraban por la boca y ella jugaba a crear efectos caleidoscópicos al tocar la primera capa con sus dedos pequeños y blancos.

Cuándo él desistió, y la rabia hubo cesado un poco, cerró la puerta tras su cuerpo, la tiro con algo de fuerza; la suficiente para que el sonido no llegara hasta los vecinos, la necesaria para dejar ese tono de autoridad que un padre cree formar con esos detalles. Ella salió del ropero, la luz decaída del bombillo viejo descubrió a medio tono el esplendor de sus ojos ámbar, la piel blanca estaba ahora biliosa como el color del foco. De abajo de su cama, tomó una maleta grande, de viaje intercontinental, la llenó con sus botas de medio tacón, su camisa ajada de Metallica, su falda de Jean, su clarinete y los Converse de imitación, la paro sobre sus rueditas, desplego los travesaños de acero y la halo hasta la calle.

El terminal de transporte olía a grasa quemada, la noche estaba nublada y solo se veían dos estrellas como lunares plateados pintados con una birome de mercurio. Paula columpiaba sus piernas, mientras aguardaba sentada en la sala de espera, los faros del bus se acercaron abriéndose paso entre los fantasmas de humo negro que flotaban cerca de la tierra antes de elevarse, hasta frenar en el muelle 2B. Subió el primer escalón de acero y se despidió de su ciudad.

martes, 17 de julio de 2012

I

Somos seres de luz;                                
dos ángeles de tez dorada                  
 atrapados en el pantano.

Somos mascaras entrelazadas;              
disfraces que amanecen,          
sandalias desgastadas.

Te he dicho olvídalo,
pero tú eres tenaz como el viento.
Te he dicho camina,
pero tú corres y saltas.

viernes, 22 de junio de 2012

Un cristal húmedo que refracta los reflejos...

El viento pegando fuerte en la ventana,
afuera los labrantíos rápidos y bruñidos,
y entre los gajos de trigo tostado
los ojos verdes de la abuela.

La casa de la tía 
y mis pies descalzos de niño, 
arrastrados por el parquet ennegrecido.
Los pies son como la consciencia.

La piel exigua de papiro 
en el lomo de las manos de la abuela.
Sus venas cetrinas embebiendo tinta en sus vistas que eran un cristal húmedo que refracta los reflejos.

Las hijas que salvaste, Abuela.
Tu vida tan bucólica,
los rosarios que me obligaste.
La despedida que nunca te di.

viernes, 8 de junio de 2012

Las primeras luces


De repente, murió. 

Entonces un día, el albor fulminante despierta los sentidos, proyecta en las manos la libertad como si de verdad existiera.

Luis sintió la piel exigua de sus parpados siendo perforada por la luz clara de un amanecer sempiterno. Abrió los ojos y los días de su vida se escurrieron por su iris, como pequeñas colecciones en un álbum fotográfico siendo hojeadas por los dedos de la creación. Recordó el dolor y la alegría, y el amor – sobretodo el amor - , y esos labios gruesos guarnecidos en carmín que sabían besar los suyos tan bien; quiso llorar por Carolina, algo que los muertos no saben hacer.

La cortina de nubes se alargaba por todo el horizonte como un tapete de vaho níveo en una marisma sin fin. A Luis le pareció preciosa esta vista, se sintió como un niño jugando a dar grandes saltos y caídas en los copos de humo blanco que cubrían sus pies. 

Caminó por el paraje desierto, donde la soledad era como la vida, la vida sin Carolina, y los años de su vida caminando entre los parques, con su mirada hacia el cenit, buscando a Carolina entre los ángeles, como si estuviera muerta, como si fuera una nube, como si fuera una estela de un Boeing 747, como si fuera un tordo rompiendo el silencio del cielo añil, buscando los aromatices de Carolina, entre las orquídeas purpureas que crecían en los alambrados de los antejardines, entre el lampazo naciendo lento en el extrarradio de la ciudad, en el polvo de la ciudad, en los labiales en los baños de cada mujer extraña.

Pero Carolina no estaba, era una mancha incierta en el tatuaje de su vida. Con toda claridad no estaba muerta, las personas no mueren. Luis solo podía tener la certeza de estar encantado, y quizás, Carolina también.

Luis contempló la claridad de las primeras luces difuminada en lontananza, estallando en naranjas pálidos. Cuando el cansancio le ganó terreno, reposó su cuerpo en el vapor del suelo. Cuando soñaba – los muertos también sueñan, o recuerdan -, Carolina le susurró un cuento a Luis, le relató sus últimos días de vida, casi como si ella fuera sus ojos:

El rostro de Carolina maquillado de barro y el viso de su iris ensanchándose y contrayéndose, tratando de entender. El paseo bajo la lluvia. Aquella noche era de un negro rojizo y ella salpicaba en los charcos como una niña que trata de burlarse de la vidal; lasgotas terracota resbalaban por su rostro. Decidió matar a Luis, fue un impulso, una locura, un deseo de poder, fueron los delgados hilos de agua que a Carolina le pareció se debían ver preciosos mezclados con el color de la sangre. Dejó el cuerpo húmedo lavándose con la lluvia y la sangre coloreó el asfalto de ese color que tanto le gustaba a Carolina y qua le ponía a la noche y a las luces de los autos y a las gotas resbalando por su mentón. Corrió por el callejón y besó a los vagos, comió restos de sus barbas, ellos reían y ella les dijo su nombre, les dijo que si seguían riendo iba a llorar. Mientras lloraba la robaron, tal vez la violaron. Corrió hasta una banca al lado del rio de la ciudad, con la cabeza de soslayo descubrió seis esculturas de gatos moldeadas en yeso; desde tener todas sus vidas, no dedes que Luis las tuviera, aun así, disfrutó imaginando otras seis formas de asesinarlo.

Luis despertó con el rostro empapado por las gotas que caían del cielo. Encantado por volver a comenzar.

viernes, 18 de mayo de 2012

Para continuar...

Tu sombra tenue opacando los mampuestos,
caminas , y por entre edificios
esa calle de andenes menguados;
sonríes con tus dientes caucásicos.

Como si los tatuajes fueran de tinta
y los cardenales manchas en la piel.
Nada más que eso.

La tarde quema tus pestañas,
ahora son tostadas dispersas en el viento,
te tocan la lengua, 
saben a pruna un tiempo de verano.
Atras, la cortina amarilla del día,
un día que te araña los hombros,
como si las cargas pudieran redimir
y el balastro retoñara vidas.

Aquí estamos,
nunca logrando comenzar.

martes, 1 de mayo de 2012

Siete vidas...

Las luces alargadas en tus ojos eran rayos laser carmesí. Contemple tu rostro maquillado de barro y el viso de tu iris que se ensanchaba y se contraía tratando de entender. Caminamos bajo la lluvia y la noche era de un negro rojizo y tú salpicabas en los charcos como una niña que trata de burlarse de la vida; las gotas terracota resbalaban por tu rostro. Decidiste matarme porque estabas loca, tan perturbada por probar el poder, eras como aquella estudiante de química tan feliz en su laboratorio. Dejaste mi cuerpo húmedo lavándose en la lluvia y la sangre coloreo el asfalto de ese color que tanto te gustaba y le ponías a la noche y a las luces de los autos y a las gotas resbalando por tu mentón. Corriste por el callejón y besaste a los vagos, comiste restos de sus barbas, ellos reían y tú les dijiste tu nombre, les dijiste que si seguían riendo ibas a llorar. Mientras llorabas te robaron, olvide si te violaron. Corriste hasta una banca al lado del rio de la ciudad, con la cabeza de soslayo descubriste las esculturas de los gatos y deseaste tener todas sus vidas, no deseaste que yo las tuviera, aun así, disfrutaste imaginando otras seis formas de asesinarme.

lunes, 23 de abril de 2012

Volver...

Voy a volver a comenzar.
Y ya que estamos aquí:
en puntos ciegos,
en nudos abiertos,
en mares de azúcar,
en alas de risco;
será volvernos cal
y flotar con los vientos alisios.

Voy a virar y mamar
del violeta intenso
de las penas que nos dejaron tendidos.
De la natilla verde de la dehesa que
habituábamos pisar cuando se podía sonreír.

Voy a volver a comenzar.
Mas ya que estamos aquí
en el novel vientre:
Vivir sin monedas,
entarquinar las telas,
Untar tus labios de mantequilla
Y besar el bendito suelo
que cubrimos de cemento.

lunes, 9 de abril de 2012

Fin...

Es como si hubiera terminado la hermosura.
Eso le dijo ella provocando ruidos férreos,
agitando sus muñecas vestidas de grilletes.

Es como tener los ojos tontos
y una falda que no logra respirar,
que no florece con corrientes cual medusa.
Es unos pies que no recogen polvo,
como si ya no quisieran aprender.

Es como si hubiera terminado la hermosura,
repetía ella; y entonces los ruidos férreos
eran esta vez los del gatillo y el cañón.

domingo, 25 de marzo de 2012

Muerte...

El susurro constante de la muerte
nos alejo como el velero que atraviesa
un maelstrom y no resiste el mástil sus arrebatos.

Y en cada astilla uno casi podía ver
los huequitos entre tus dientes
y la piel acanalada de tus parpados
y los rizos caramelo de telarañas en la pieza.

El susurro me decía “ahora vas sólo,
porque decidiste creer que podías soñar
y no estar conforme y muerto como
aquellos que sonríen en la oficina”.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Pasos...

Amaneció, y era un rosicler posado en sus mejillas,
y los trebejos de aquel blanco y negro antaño
sabían teñirse con su sonrisa inmediata.

Los fierros doblados en espirales,
en los quinqués de los parques, oxidados,
apurando sus naranjas 
como un sol que se refugia en sus planetas. 
Todo aquello,
contemplando sus pies vetustos de quietud,
iniciando ese viaje que llaman escapar.

Los trenes y sus maderos crujiendo,
sus vibratos en los rieles.
Y todas las campiñas que vieron sus flancos,
sin poder narrar,
manifiestas en trozos de madera lacerada y astillada; como ojos de un alma que no entiende la hermosura.

Subió al vagón del tren, y sus pasos en el paso del túnel,
llevando su ser a nuevas acuarelas. 
Los trigales crecían rubios y bermejos,
como si de verdad existiera la libertad.



jueves, 1 de marzo de 2012

Rayuelas olvidadas...




Rayuelas olvidadas,
y aquellos días sepia
cuando los pies saltaban,
uno, dos, tres,
y los zapatos se gastaban
tan rápido como los sueños al despertar la adultez.

Y solo de esa forma tocamos el cielo,
aquel pintado con crayones,
de un añil rayado e inconcluso.
Como cristales rotos que no sabíamos venir.

Rayuelas olvidadas,
o eso es lo que quisiéramos;
en estas tardes tan oblicuas
sería bueno saltar el dolor.




sábado, 25 de febrero de 2012

El tiempo que nos queda 5...


Algunos lustros después acaecidos en sus vidas, aquella niña seria otra lumia de pie en la zona comercial. Con los ojos apaciguados y sin ni siquiera un pequeño destello o favila de libertad, vendía sus piernas esbeltas a hombres que le recordaban a su padre. Lois nunca lo sabría, pero el pudo salvarla; como otros tantos que tan solo miraron sin actuar.

Ni él, ni Samanta la volvieron a ver. Después de aquel día, cuando Samanta lo arrastro hacia el segundo piso mientras él resbalaba la mano por la barandilla lustrada con aceite de limón, ellos la olvidaron al pasar unos cuantos minutos. Lois cerró la puerta con su pie, rodeo la cintura de Samanta y la beso en la nariz. Era un gesto fino pero no decía nada. Ambos pensaron en sus demonios, en llevarse a la cama, sin embargo pasaron el resto del día sobre el canapé escuchando música. Samantha se durmió sobre su pecho y él se desvelo desenredando sus mechones hirsutos.

A las tres de la mañana, tan descansados de dormir que estaban ahítos de hacerlo, salieron a pasear por las calles iluminadas por un precoz amanecer que aun no terminaba de espabilarse. Miraron vitrinas e hicieron equilibrio por los bordes de los andenes que brillaban reflejando las luces de los faroles. Pasearon por un parque esquivando cobijas arrinconadas en forma de personas y se sentaron en un banco de cemento a dibujar en las nubes, a dejar despegar la imaginación como cambuchas dominadas por el viento. Se besaron, esta vez de verdad; y corrieron y saltaron y dieron un poco vueltas y se halaron de las solapas para besarse más. Era para ellos, un día de olvidar y sonreír. Es que después de todo la vida a veces tiene algo de sublime.

viernes, 17 de febrero de 2012

...a Spinetta...



El flaco de nácar y sus fuelles;
pliegues donde
se coronan bemoles hoy marchitos.

La poesía ya muerta,
aquellas notas hallan su óbito.

Toda tu música aflojando sueños
como leche de magnesia astral.
La armonia de vos en mi cabeza,
en la vida, por la vida.

El flaco y su voz dulce, afinada.

Los oídos renacieron contigo,
cromados en tu mondo di cromo.
Y el adiós, no lo es para quien no larga.
El sutil acto de permanecer en todo.

Luis,
el remanso de tus días es un rio de plata
donde las cenizas trazan pentagramas.

lunes, 13 de febrero de 2012

Chau Spinetta.


Chau Spinetta. El mejor letrista de la historia del Rock. Gracias por el arte y la belleza.

Lo que hiciste...


Sé que a veces me pierdo, resbalo
en la vorágine arrebatada del silencio.
En las telas ajustadas del momento.

Sé que los llantos que te provoque
no te los puedo devolver.
Que los albores son siempre distintos.

Una remembranza como un grillo perforando la noche.
Tus manos pequeñas queriendo dirigir,
construyendo en marga tu dietario de pueblo,
de ríos intactos; tan libres de la ciudad.

Y aquellos libros que leíste,
y la biblioteca que salvaste,
y los padres que enfrentaste,
y la vida que llevaste,
para despertar lejana en tu sueño de amor.

lunes, 30 de enero de 2012

Por todo aquello...

Por esa greda dúctil,
Maleable, donde amasamos
Los quistes de nuestro diario.

Por los colores horizontales, cuadrados,
Que veíamos grises siendo ambarinos;
Y las aldabas de las puertas que no golpeamos,
Como péndulos aceitados en sustancias inflamables.

Por todo aquello es que perdimos.

Los paraísos que dejamos sepultar.
Esas aves que callamos
Cuando éramos locos asesinos de trinos.

Las madres que no quisimos escuchar.
El sexo virgen y su olor a carne de 6 am.
Los labios que pasaron por las masas.

La lid de las lágrimas arreciando las mejillas.
Las líneas de los pies veladas por los callos.
El domingo en la noche, los lunes en aurora.

Por todo aquello es que pagamos.

martes, 17 de enero de 2012

Y fue...


Y fue un abrir de ojos, un amanecer, un ver el mar en primavera,
una niña de la loma caminando en tardes soleadas de antaño.
Un transformarse para hacernos más tristes.

Es que la felicidad es una puta barata que te contagia.

Y fue sentarse por tus cándidos resguardos;
Fumarlos, recorrerlos, saciarnos.
Tatuarte el tobillo con una mariposa redundante,
de esas que no tienen un buen polvo en las alas;
Como los que ordeñabas alguna noche.

Es que la bendición era sentir sollozos y escribir.

martes, 3 de enero de 2012

Da igual...


Da igual hablarte o que me hables,
Que tus palabras ya no calan.
Que este pecho se volvió una pared de cal prístina.
Que la tristeza se escurre entre
 melancolías, sueños y estelas,
Como las colas de los cometas que no alcancé a ver.

No importa encontrarte, que me encuentres nunca fue viable.
Ya ves, nuestros zapatos son de tallas tan distintas,
Nuestros almizcles de fuentes tan diversas,
Nuestros pesares de sellos intangibles.

Solía enamorarme cada vez que te veía.
Tantas luces con ribetes sableando sombras.
Aun así nos buscábamos a tientas.

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Alma...

"Sobre el montón de escombros, sobre la desventura  De tanta vida rota, de tanta fuerza inerte,  Se desgranó la lluvia tenaz, nutrida...

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