viernes, 21 de noviembre de 2014

Una vida...

Sí sabias que caigo viejo,
entre brazos vetustos.
Estaban encogidas las ideas,
lívidas, pálidas, cerúleas;
hoja de papel periódico,
el tul en su falda de quince años.

Sí sabias de la vida marchitada.
El final inevitable.
El momento trashumante,
la pestaña que se curva con la noche.

Te perseguí.
Era un campo de lavanda
en un sueño acuoso;
Entre tanto aceite te encontré.

Y supe estar con los pies muy en la tierra,
El único saber no deseado.
Porque pierdo entre labios
y entre ojos mares estupendos,
costas inefables y arena en vidrio.

Sí sabias de los trozos de un recuerdo libertario.