viernes, 15 de febrero de 2013

La vida...

…como si uno pudiera disfrazarse en octubre y conservar la decencia. Eso de ser un animal solitario te complica los días. La vida se trataba de hacerse el intelectual, a ver si eso sí funcionaba. La vida se trataba de despertar y trabajar ocho horas. La vida se trataba de que Guille un día lo tirara todo a la puta mierda y se le cocinara la mente y la normalidad y se volara de la casa para ir a vivir libre, pobre, pero libre.

Natalia aparecía en visiones de venas llenas de bazuco, Natalia estaba en los sueños, estaba en las vagabundas de ombligo sucio que se comía una vez al mes para desfogar. Claro que antes debía haber una velada romántica, pues Guille siempre fue un caballero; entonces tendía sobre una canasta de gaseosa las hojas de un periódico y allí colocaba sobre círculos de cartón dos panes aliñados con queso amarillo. Las velas las robaba de la iglesia de San Fernando. Así conquistaba a la mujer de turno, todas igual de confundidas pues sabían a lo que iban y no entendían semejante prefacio.