lunes, 31 de octubre de 2011

Otro Adiós

La conocí un día de cielo azul, de nubes amobladas,
luego vino el temblor, el sismo, y llovían rosas perfumadas del cielo.

Sus mejillas coralinas, y esa delicada sonrisa de mar adentro;
y el vuelo de gaviota con curvas dibujadas, de barrenas invertidas,
de rizos pronunciados, de balances aprendidos bajo el sol.

La razón es que ella no razona, la verdad quede vencido,
ella no me conoce: solo un fantasma azul más.
No sabe que vi por sus ojos maravillas de un mundo onírico,
donde el cielo es de crema chantilly, donde los campos son generosos
y pululan alhelíes y flores de colores sin nombre.

Se alejo y se acobijo para siempre en mi memoria,
entre el sentimiento azul y la tristeza azabache de algún día.
Bajo la luna carmesí sus ojos de pantera,
ésta noche guardo un adiós más en la alacena. 

lunes, 24 de octubre de 2011

Es hora de hablar...




Es hora de hablar de todo aquello que
quedó suspendido con el letargo de los días,
de que algunas cosas nunca se arreglaron
y allí quedaron las grietas;
de que jamás golpeó el atrevimiento y tú lo sabías.

Es hora de hablar del silencio,
de las cosas vanas y fútiles.
Que no se triunfa sin un espejo.

Es hora de hablar de esta habitación
que se desmorona en paredes de cal amarilla,
 que trae sonidos de fantasmas y canciones muertas.
 De cómo decirte que revises las gotas rojas en el puñal,
de hacerte entender la ironía y la dualidad.

Es hora de hablar de la nimiedad del todo;
de que todo sigue, de que nada para.
Es hora de hablar de las sabanas para horca,
del astillero de tribulaciones,
del alcor de remembranzas cada día más indócil.

Es hora de hablar de aquellos días avellanados,
que nunca volverán y sonrieron
con un cielo inflamado en el horizonte;
con una sonrisa hasta la cúpula del asta y un porte hacia delante.

viernes, 14 de octubre de 2011

Y entonces huimos...


No entiendo porque sufro de miedo,
Y porque mis pies se aferran a esta tierra parda.
Es que un día el cielo se volvió un acuario.
Es que un día la costumbre te embarga.

Volé, soñé, giré con los brazos abiertos;
Cuando el mundo era una calesita,
Cuando el albor era un caleidoscopio.

Y entonces huimos, porque no quedaban más
Que los maderos astillados de nuestra casita de pino,
Que las pavesas de nuestro hogar tan albo.

Y entonces supimos que era mejor perder un poco,
Que quizás hasta los recuerdos se tienen que transgredir.
Caminamos por la carretera vacía bordeada de cañaduzales.
Todo paso el día en que aterrizamos.

lunes, 3 de octubre de 2011

Las palabras...II

Las palabras no lograban salir. La niña con vestido de tul jugaba en un terraplén bajo el sol cansino de un mediodía. Su tela nívea brillando como ansias, como sueños bajo una luz dorada, cegadora. Sus ojos azules eran las partituras de sus silencios, ella daba vueltas sobre un mundo que giraba tan lentamente que la aburría, abría sus brazos, se comía el aire que sabía un poco a frutillas campestres y olía a esos cerezos rosas, hermosos en primavera. Ella era muda.

Hablaba con sus manos, que eran pinceles dibujando barrenas; eran manos dirigiendo la orquesta de sus deseos. Y en cada línea transparente que se trazaba al romper el aire se pintaban sus tristezas y sus alegrías y las frases que nunca pudo articular.

Recorrió los parques, los cielos estallando. Caía de vez en cuando sobre sus rodillas empapadas de carmín y entonces sus manos se colmaban de alfileres de barro bajo las uñas y cada lagrima derramada era mugrosa. Pero cada gota era también el tañido de las campanas de bronce de esas tardes en la iglesia y en la plaza del pueblo y el trino del azulejo en la copa de los samanes y los cielos añiles y frondosos.


De repente recordó que debía volver a su casa, corrió por las calles impregnadas de la soledad urbana, con sus largos dedos afilados de niña enjuta acaricio las rejas de las casas. Llego hasta el porche de su casa, estrello la aldaba contra la puerta y su madre ciega abrió. Ella le comunico lo que quería con un abrazo y dibujando palabras sobre su espalda. 
  
Al final, todos somos mudos, todos somos ciegos. Decimos solo lo que podemos, vivimos libertades parciales.