lunes, 24 de febrero de 2014

Atras...

Desear volver,
destapar la alforja,
subyugar las penas,
teñir el agua de arte,
tañer el arte acuarela.

Ondas….
…Concéntricas.
Retornar al círculo prístino.

Sentir el caudal de tu arteria,
tu arritmia cardíaca,
tus caminos rotos,
tu Infancia pesada.
Llantos rodados
por carriles de rostros.

Desear volver.
Tú también amabas
un nuevo comienzo,
yo también te amo,
me amo antes incluso.
Volver un cron y hacerlo bien.
Obligarnos pues no
sonríe otro camino,
al giro de la clepsidra,
a la aguja hacia la izquierda,
al semáforo hacia el cenit.

Dolor perfumado, dolor de mirra.
El terminal nervioso estimulado
es una pluma que se alza.

martes, 18 de febrero de 2014

Amor después de tantos placeres...

Leías y el escritorio sostenía Amor 77 de Cortázar. Entonces estaban las almendras con su sabor neutro, las al-neutras, las abejas, los sabores, los exiguos zumbidos de una mañana trasnochada. Todo en la amalgama de tu saliva. Corriste el velo, algunos días entendimos que podíamos aburrirnos de nosotros mismos, que la poesía no es tan bella cuando la atropella la realidad, que la ciudad es inmutable, inexorable titán de cemento que te deja cicatrices. Te deshiciste como los jirones de la camisa de un vagabundo, entonces  también me escurrí hasta las rodillas. Una tarde, una tarde de esas verdes acuarelas de pinturas hermosas, de esas aceitosas pudimos abordar un tren y cambiarlo todo, mas llego la cobardía a arrebatarnos el tiquete. Ahora solo nos quedan las legañas en reemplazo de la nieve de una calle de Múnich; juro entonces que te recordé una mañana de plenilunio en la que caminaba y te hojeaba entre las frases de After Such Pleasures. Suenan los frenos de aire en la distancia, heraldos de la muerte.

lunes, 3 de febrero de 2014

Jugando...

Entonces te encontré en las calles viejas de Cali, en los paisajes, en los pasajes, en las callecitas de cal de la Merced. Dos de la tarde. El día llora, el sol se derrama, el sol fabrica pecas, las nubes se evaporan. Yo te caí como el roció al clavel, la primavera termina en Cali; en Cali nunca hubo estaciones pero aun así termina, termina al terminarnos, las hojas fenecen en los adoquines de la Merced. Polvo de ladrillo para fabricar drogas, ahí quedaron nuestras huellas, nuestros pasos son aspirados por fosas nasales, como remembranzas que vuelan por conductos viscosos devoradores de recuerdos refugiados en la noche. Diez de la noche. Como si la hermosura pudiera evitarse, en tu rostro, en tus ojos ámbar, tus iris que atrapan zancudos prehistóricos, tu mirada que inyecta sangre, líquido vital de mi tiempo en la tierra, en tu rostro que es los murales de la Merced. Una de la mañana y caminas por los parques verdes y grises, el cerebro que entiende que no se puede.