lunes, 15 de julio de 2013

Esperando el bus...

Y si te hubiera dicho que la vida se trataba de arrojarse
de aquel taxi en movimiento en las horas del maitines,
quizás no me hubieras creído. O tal vez era demasiada cuita;
el sabor a leche agria que sobraba en nuestros días.

Por aquellas fechas marcadas en el calendario,
todavía mis ojos disfrutaban con las hadas,
y mis oídos captaban las pequeñas arañas
que cuelgan de los semáforos diseñando destellos roji-verdes.

Entiendo con certeza pura que el carisma de la inspiración
perece con el trajín de la mente.
Sin embargo, la tristeza no se apea.

Yo quería explorar mundos lejanos; pero aquí estoy, esperando el bus.

miércoles, 3 de julio de 2013

Solo un rastro...

Allá arriba, entre las horas de oficina, un cerebro calinoso.
No esperen al viejo del espejo. Nunca más.
Solo a un rastro, a una silueta dilatada;
como tela negra desgarrada en el cemento.

A través de las costillas una lanza de tristeza.
Hubo un día en que soñamos un blasón;
estábamos los dos en el corazón de una manzana
y al abrir las vistas nos inundó el aire y el óxido.

Hubo un día en que soñamos un emblema;
Y era acerca de nuestro hogar pordiosero.
Estaba yo, de rodillas sobre los ladrillos,
con las manos en el marco de cedro de la chimenea.
Intentando exhumar las sombras.
Bordando un león que ya caía derrotado.