martes, 18 de febrero de 2014

Amor después de tantos placeres...

Leías y el escritorio sostenía Amor 77 de Cortázar. Entonces estaban las almendras con su sabor neutro, las al-neutras, las abejas, los sabores, los exiguos zumbidos de una mañana trasnochada. Todo en la amalgama de tu saliva. Corriste el velo, algunos días entendimos que podíamos aburrirnos de nosotros mismos, que la poesía no es tan bella cuando la atropella la realidad, que la ciudad es inmutable, inexorable titán de cemento que te deja cicatrices. Te deshiciste como los jirones de la camisa de un vagabundo, entonces  también me escurrí hasta las rodillas. Una tarde, una tarde de esas verdes acuarelas de pinturas hermosas, de esas aceitosas pudimos abordar un tren y cambiarlo todo, mas llego la cobardía a arrebatarnos el tiquete. Ahora solo nos quedan las legañas en reemplazo de la nieve de una calle de Múnich; juro entonces que te recordé una mañana de plenilunio en la que caminaba y te hojeaba entre las frases de After Such Pleasures. Suenan los frenos de aire en la distancia, heraldos de la muerte.

1 comentario:

Ibeth Hache dijo...

Volviste terriblemente noble y sabio.

Abrazo.