martes, 1 de mayo de 2012

Siete vidas...

Las luces alargadas en tus ojos eran rayos laser carmesí. Contemple tu rostro maquillado de barro y el viso de tu iris que se ensanchaba y se contraía tratando de entender. Caminamos bajo la lluvia y la noche era de un negro rojizo y tú salpicabas en los charcos como una niña que trata de burlarse de la vida; las gotas terracota resbalaban por tu rostro. Decidiste matarme porque estabas loca, tan perturbada por probar el poder, eras como aquella estudiante de química tan feliz en su laboratorio. Dejaste mi cuerpo húmedo lavándose en la lluvia y la sangre coloreo el asfalto de ese color que tanto te gustaba y le ponías a la noche y a las luces de los autos y a las gotas resbalando por tu mentón. Corriste por el callejón y besaste a los vagos, comiste restos de sus barbas, ellos reían y tú les dijiste tu nombre, les dijiste que si seguían riendo ibas a llorar. Mientras llorabas te robaron, olvide si te violaron. Corriste hasta una banca al lado del rio de la ciudad, con la cabeza de soslayo descubriste las esculturas de los gatos y deseaste tener todas sus vidas, no deseaste que yo las tuviera, aun así, disfrutaste imaginando otras seis formas de asesinarme.

4 comentarios:

Ibeth Hache dijo...

Los microcuentos siempre me dejan un sabor diferente; este es un tanto misterioso y me gusta.

Saludos.

Diana Ƹ̴Ӂ̴Ʒ dijo...

Morir y renacer en los ojos del ser amado, no me alcanzaría siete vidas para seguir soñando...

Bellas letras, Nahuel.

Besitos de mariposa.

Ío dijo...

Cuanto me ha gustado, es que leerte siempre me lleva más allá, Nahuel, y disfruto tanto que no tengo palabras suficientes para agradecerte.
Gracias por escribir así.
Abrazos

Ío

rayuelasolvidadas dijo...

Es lo mas bello que he leído en este blog desde que te sigo... lo he leeria mil veces y no me cansaría nunca. Hermoso.