jueves, 6 de abril de 2017

Expectativas

Yo no escogí esta vida,
ni mucho menos, ni mucho más;
esperaba sólo mantas y frazadas permanentes,
tardes de reposo, pies de fresa tibios
en alfeizares de rúas con paredes blancas
y costanillas con baldosín de loza azafrán.

No esperaba días inmóviles como el pensador de Rodin,
analizando números, transformando cuentas, sumando pesos; 
restando crónica posible a la biografía de un anacoreta.

Veo por la ventana a un gavilán que recoge escarabajos
y exhibe su libertad riesgosa; y entonces,
sube el ardor de la envidia por las venas,
entre piel y hueso, por los dedos que se sueñan plumas.

Y el animal vuela, y el hombre es raíz.

domingo, 5 de marzo de 2017

"Sólo el amor sostiene"

Sostuvo el amor sus tardes de arrebolados purpuras con el pueril pedúnculo de un dogma de cuentos y de fabulas de alpinistas en cielos intocables. Toda la vida esperé una férvida epistola con aroma amalgamado de azaleias y humores femeniles, diria: Queridisimo querido coma permitase saber que hasta ahora en su vida coma permanecia en ensueño inducido coma como prueba y antesala y peritaje a sus aptitudes para desenvolverse en escenarios de vida real punto seguido Se procedera con reanimación celular punto y coma sepa y supondrá usted que al tratarse de una evaluación coma se llevaron los sufrimientos coma el caos coma las enfermedades y padecimientos coma la vileza humana y las tribulaciones a niveles inconcebibles en el mundo real punto final Firma Ministerio del desarrollo ónirico. 

Llegaron en su lugar en despuntes palidos de albores cítricos, esquelas con fechas cotidianas y entierros poco concurridos. No podríamos celebrar nuestro propio óbito paulatino, y subrayese propio, aunque extendido en cada individuo (no así la conciencia de ello), aunque podríamos tal vez utilizar como herramientas productoras de consuelos y sonrisas los atardeceres, el murmullo de un río, los postres de maracuyá y los cupcakes, la promoción de doce donas por siete, la inflorescencia en un árbol en el parque, los balcones con vistas en wide screen, los ascensores con aire acondicionado y extractores y el beso entrañable de la madre, en la mejilla misma que se ruboriza y se enarbola con sonrisas y que se traza ciertos días con lágrimas de barniz diáfano. 

lunes, 13 de febrero de 2017

Sabores...

Siento sabores de frambuesa sobre sabores de boca amarga, una boca de seis de la mañana, así deben saber los ojos con legañas, a pan francés de nueve días. Pude entender el rojo de tus dedos por trabajos con cerezas, a través de los años, como la aventura de las pequeñas cosas, como el viaje tremendo que son las vidas, valle de frailejones gigantes, pues los días son fríos con un sol de altura. Dulce es la ciudad en precoces horas, tímida la canícula del sur aparta las cobijas para fosforecer. Llegan los años y los hilos se hacen muy visibles, las almas muy rotas, los cuerpos tan vencidos, los ensueños resignados. No somos dueños sino deseos íntimos, no nos pertenece más que el suspiro del anhelo. Más allá del cristal todo va grisáceo, pienso tu imagen dentro de la imagen de una gota de lluvia elíptica que se aferra al alfeizar, con miedo de caer. 

jueves, 19 de enero de 2017

Realidades...

Aquel hombre había tratado con desdén a su madre la mitad de los años que estuvieron juntos, la otra mitad la pasó entre el ejército y habitaciones alquiladas en barrios marginados de la ciudad, que pagaba rifando cien mil pesos cada semana en la zona y en las universidades públicas. Una tarde, cansado de su casa, de sus hermanos y de los reclamos de su madre porque no le daba libertad para sus antojos, se marchó y para no pasar penas por dinero se reclutó en el ejército. Allí aprendió la rigidez que ahora lo caracterizaba y le enseñaron a no llorar porque eso no es de hombres, y así enterró sus sentimientos y se tornó en un ser frio y disciplinado. Un lustro después conoció a su mujer y dejó la milicia para pasar las tardes con ella; y así fue su transitoria transformación, seducidas sus células por el aroma mismo del amor incipiente, dedicaban las horas a mirar los atardeceres e iban al rio Pance y se dormían sobre las rocas o subían al cerro de las tres cruces y abrían los brazos como diciéndole al mundo aquí estamos y somos invencibles, aquí estamos vengan y asesínennos con un puñal, somos inexorables, róbennos y dejen vacíos nuestros bolsillos pues jamás podrán quitarnos el amor. Los días pasaron y esas tardes hermosas y áureas salpicadas de góticas de amor, puro amor, amor como si los niños gobernaran el mundo, como si el cielo fuera de satén, suave y sexy, como si la ciudad se hubiera toda coloreado de tono sepia y tuviera un ambiente romántico como en las viejas películas francesas, todo aquello fenecía y ahora apenas los dos salían de la casa juntos. El amor no logró sostener los problemas financieros y como él no sabía hacer otra cosa que portar un arma y decir "¡señor, sí señor!", no consiguió ningún trabajo; o eso le decía a su mujer, ya que en realidad sólo salió dos días a buscar empleo antes de darse cuenta de que él no servía para ser empleado de nadie. Decidió pasar los días tirado en un sillón y le dejó el trabajo pesado a su esposa. Ella que tampoco encontró un trabajo y debía mantener a su hija, ante el desespero, comenzó a visitar las calles después de las once de la noche y rasgó todas sus faldas que antes le llegaban hasta las rodillas y que ahora se ceñían a sus muslos apenas ocultando lo necesario. En las calles vendía sus sueños y ganaba algo de dinero para su hija, para mantener a la morsa de su esposo, y lo que le sobraba lo invertía en tranquilizantes y pastillas para volar y para distraerse de la vida que se había vuelto una mierda. Y así también, recordaba aquellas tardes cuando la felicidad le coqueteaba y eran sublimes como un crisantemo dorado que crece dando contrastes en un valle volcánico.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Otro...

Me rindo y aún quedo débil,
de rodillas y manos y alma sobre el suelo,
trazo sombrío en el escaso horizonte
que eres tú y los sueños y los embozos de la infancia,
la linea invisible extendida a un enjuto futuro que es un hilo fino de algodón.

La tensión llega,
aquella linea de vida se templa
deshaciendo cada sinuosidad, se rompe.

Me rindo, ya no queda carnaval,
ya se acorta el entendimiento leve de los seres que disfrutan,
que galopan con gringolas, desentendidos por la vida,
luciérnagas, diamantes refulgentes que refractan su luz pero no te bañan.
Yo, diamante en forma de carbón.

La desesperada búsqueda de la felicidad
es una cruzada que prefiero evitar,
la copiosa fatiga de una meta que siempre se pospone.

Me rindo, debe uno vivir de forma automática
y esperar ansioso el huracán súbito de la muerte
que ha de llegar con sus pétalos negruzcos
y la suave caricia del pistilo que conserva fría
la gota ponzoñosa del ultimo aliento

miércoles, 16 de noviembre de 2016

16...

Todos los días un poco de agua se escurre hacia un cántaro, labra grietas en el barro apenas perceptibles. Ya fenece el año y resuelvo por la sensación térmica y la humedad que torna pegajosa la piel que debe ser una tarde estival; la canícula exprime briznas de sudor y bombardea todo el living con su aroma a sal. En la mesa de centro están algunas porcelanas vetustas con sus caries amarillas trazadas por el tiempo en resquicios y nimias fracturas y el sol las baña delicadamente y se refleja alumbrando un tercio de tu cara. El amor era un mito fabuloso, la victoria, la redención final, el amanecer sempiterno, la pradera verdemar colmada de conejos, las manos siamesas, la galera llena de palomas. Todos los días un poco de gotas bajan de un lagrimal y así, tu piel es epidermis naturalmente humectada y tu sangre toma ese sabor propio del óxido en acero, de un néctar salobre. Pasan los días acres y ya me siento ser provecto con arrugas que comienzan a extender raíces y a plegar la piel. Veo con tristeza la aceptación consciente del esclavo que permuta días y odiseas, alborozo y aventuras, por papeles verdes y metal.