sábado, 30 de julio de 2016

Una ausencia...

No me busques mañana,
sólo quedará un debilísimo vapor de mi,
un incienso de hombre de paso
en un mundo instantáneo,
como sopas de sobre y camaron;
que se impregna apenas
en la suave pupila de xocolātl.

Quedarán fantasmas y rumores
y caminatas de un desvelado
en pasillos cortos y angostos,
entre paredes con hollín y babas
y sobre todo lágrimas sueltas
que se columpian ante el vaivén
de la cabeza que realiza una negación.

El horizonte se extiende tan interminable
y pensaba en buscarte entre el aullido
que trae el viento timido vespertino
y las delgadas palpitaciones eléctricas
que se insertan en cada pequeño foliculo.

Huele extrañamente a ti y a volcán hoy
y mañana, irremediable, enredado entre las sabanas, pitones de destierro y desamparo.

martes, 10 de mayo de 2016

Oración...

Rosario, voy a quedarme todos los días pensando en cómo hubiera sido la vida contigo, ya sabes de aquello de las bifurcaciones, esa larva que se atornilla en tu hipotálamo y se hospeda y se alimenta de tu cerebro y va infestando tus pensamientos, hasta convertirse en eso que llamamos nostalgia. Soy de esos, que piensan todos los días en las opciones que no tomaron en el pasado y en cómo serían el presente y el futuro de haber elegido un camino en lugar de otro. Rosario, tu pelo huele a brevas con arequipe en fiestas de diciembre y traza ondas en el aire como la bandera del país que nunca he sentido propio; eres como ese lugar de Europa del que uno se enamora en las postales y nunca puede visitar. Tú me mirabas tan tristemente a través de las mesas de un bar y yo jugaba a esquivar miradas, nunca he soportado eso de mirar fijamente. Caminabas por la calle cuarenta y cuatro y por la tercera en el norte magnético de la ciudad, en las noches opacas con faroles descompuestos cada treinta metros, en los días sofocantes de treinta y cinco grados Celsius, ciudad desierto, hervidero de lágrimas evaporadas, con ese andar de libertad fruto de victorias vitales; y te divertías buscándole formas a las nubes. También, muchos hombres se divertían encontrándole formas al arco que formaba tu espalda con la superficie horizontal de una cama. No sé cómo te llamas, Rosario suena bien, tiene ese tono de oración y de súplica, pero también de salvación. Aquí estoy en la cama, como en esos domingos filosóficos en los que toda la vida parece un fracaso e intentas encontrarle el significado, así; mirando una mancha de humedad que se esparce por el cielo raso, pensando en las nubes que no veremos juntos. 

viernes, 1 de abril de 2016

Santiscario...

El problema en principio, es lograr sentarse a escribir dejando de lado ese sentimiento súbito de que lo que no se ha creado aún ya es un fracaso. Quisiera uno como individuo sentimental,  enamorarse cada vez de la hoja blanca que se retroilumina en el monitor.

La decepción es un ítem necesario en el placard del escritor, ¿se podría hacer esa reflexión acaso? El camino de la literatura es un hombre que en el día trabaja de albañil y en las noches de demoledor.

Verifíquese mi vida, el pasaporte de mundos mejores que se me ha quitado, la sonrisa hurtada, el derecho a maravillarme. Investíguese con pulcritud y detalle los pormenores y los hechos cronológicos de la formación de mi materia. Vos te vas, y queda la noche salpicada de topacio, extendiéndose y amenazando con rasgarse, dejando al descubierto solo el vacío limpio e insustancial, mi estado de alma puro, el primer segundo del primer respiro. Nótese que para alcanzarte, extiendo no solo dedos con uñas, sino también la larva misma del soplo frágil de dios. Así, se atenúa el cuento, nada es de mi santiscario. 

viernes, 19 de febrero de 2016

El amor era una road movie



Desde las estelas sempiternas que abastecen lo perpetuo, aparece igual la ciudad, como la cabeza disecada de un alce que adorna una pared. Te paras bajo un farol y quedan las mismas dudas, el mismo hartazgo. Pintas con vinilo barrotes y velos, dibujas panoramas extensos de color crisálida. Cali nocturnal, delicada como la fina capa de epidermis del viejo que te da la mano sucia y demoledora. Tanto amor y sangre entre las grietas de esta tierra, tanto sueño fallecido, búsqueda inconclusa, tanto salirse del cuerpo. Vi suficientes brujas en la parálisis del sueño, sombras trémulas arañando la luz filtrada en la ventana, los gritos ahogados, la radio, el locutor, el amor; los ojos rojos de Reina blanca caminando en sus cuatro patas, haciendo Tic- Tac con sus uñas de marfil, sus uñas descalcificadas de quince años; compañera de sucesos. Adiós, niña minera de calcetas, mi máquina de comer croquetas.

Te veo, estas lejana casi rozando la línea que divide el horizonte. ¿Lograr despertar al cierre del amor es madurez o resignación? Lo cierto es que creamos un alma nueva dentro de la urbe que se fue amasando a partir de los aromatices desprendidos del sudor del sexo, de los gritos en un hotel de pisos de pino de la calle sexta. Caminábamos así, con nuestra pueril juventud, esperando construir conejitos y campanitas en nuestros corazones, con el desconocimiento pleno de que cada uno escondía el estilete que se afiliaría con los años. Ahora somos una amalgama de cicatrices, tú te quieres vengar demasiado y cavar mi tumba con tus propias manos, hecho que claramente niegas tras el escudo de la indignación; yo buscando el amor que terminó siendo víctima de la gravedad, escapándose por los rotos de los bolsillos de nuestros vaqueros. De saber las consecuencias, sin dilación hubiésemos atado nudos en las puntas triangulares para asegurar una vida de manos juntas.

Tengo aquella teoría de que contrataste a un loco y luego quisiste comprar una camisa de fuerza. No puedo negar que tú sanaste y yo seguí de psiquiátrico, ahí el conflicto. De todas formas, queda el amor intacto de mi parte y un sueño que visita el hipotálamo tres madrugadas de cada semana: Subo por tu piel y soy solo una boca, no humano, solo boca, todo boca, manos de boca, dientes de boca, dedos de boca, demasiado escarlata, demasiado húmedo y carnoso, me cierro en tu cuerpo como una flor carnívora, como un último gran beso que saborea todas las calles por las que pasamos alguna vez, y paso por tus dientes para arrancarte de forma infructuosa todas las sonrisas que te saqué alguna vez, y beso la parte trasera de tus muslos y una lagrima sale de la boca como si fuera un ojo y entonces, la boca ahora tiene una pestaña que te hace cosquillas en el vientre y el iris del ojo es un pozo sin fondo que en realidad es una fosa nasal y entonces, aspiro con firmeza las partículas enredadas en tu cabello desde hace cinco años cuando caminábamos por la avenida tercera norte y nos admirábamos con profundidad y fe.

También tengo esa otra teoría: que Dios quiere vengarse de mí por no creer en él; sí ya sé que me obsesiona el tópico de la venganza, cómo no dudar de la naturaleza humana y de la naturaleza misma de un Dios que ha creado esa naturaleza hija, y que además observa con indiferencia la miseria y dolor a través del claro de su nube. Entonces, pienso que debería dejar de preocuparme tanto y empezar a disfrutar de las pequeñas cosas, porque al final el único rencor, la única venganza que existe es hacia mí mismo, hacia el miedo incauto de lanzarme a la conquista, hacia la mano que se estira para cazar al sueño y, pienso que debería caminar menos mirando abajo e intentar encontrarme de nuevo, en esto, en ti si quieres volver, en las salas de cine y sus hermosas escenas que me han transformado; como cada vez en mi vida que asomé la cabeza a la ventana para observar las gotas de lluvia que se elevaban al cielo al tocar el pavimento caliente y el vapor infló mis pulmones de la esencia misma de las avenidas, que es la de cada vida que las ha pisado.


miércoles, 13 de enero de 2016

AMOR DESPUES DE TANTOS PLACERES (V2)


Después y en el presente y en el futuro solo queda el aire opaco de Cali, las tardes cansinas, las mañanas de domingo hastías, las noches de domingo acurrucados del miedo que se siembra siempre en ese mismo espacio de tiempo, pues en unas horas exiguas es levantarse y volver a morir un poco, entre escritorios entre sillas, entre ausencias de Sara, entre almuerzos baratos, entre tan poco amor, entre la guerra por sobrevivir. Tremenda forma de deshumanizar nos hemos ideado y la acogemos con obediencia no cerril porque el dinero transmuta moral y ética y alma.

Entonces Sara, aquí estamos, tú en el piso del centro de la sala con tus dedos finos levantando y acostando las paginas, yo supino sobre la segunda gaveta del armario, refugiado porque la vida da miedo; recuerdas cuando te lo dije, ahora lo repito, porque sigo siendo un cobarde, Sara. Quizás hoy, un día que no perece aun, borrar antaño no parezca una idea débil, poner el pie de hogaño con bota de punta de acero y salir a redondear los filos de las dagas que sobresalen de nuestras heridas.

Nos encontramos en las calles viejas de Cali, en los paisajes, en los pasajes, en las callecitas de cal de la Merced. Dos de la tarde. El día llora, el sol se derrama, el sol fabrica pecas, las nubes se evaporan. Yo te caí como el roció al clavel, la primavera termina en Cali; en Cali nunca hubo estaciones pero aun así termina, termina al terminarnos, las hojas fenecen en los adoquines de la Merced. Polvo de ladrillo para fabricar drogas, ahí quedaron nuestras huellas, nuestros pasos son aspirados por fosas nasales, como remembranzas que vuelan por conductos viscosos devoradores de recuerdos refugiados en la noche. Diez de la noche. Como si la hermosura pudiera evitarse, en tu rostro, en tus ojos ámbar, tus iris que atrapan zancudos prehistóricos, tu mirada que inyecta sangre, líquido vital de mi tiempo en la tierra, en tu rostro que es los murales de la Merced. Una de la mañana y caminas por los parques verdes y grises.

Vamos a un bar y pedimos un Martini, que sean dos, aceitunas en esa cantidad por vaso también. La ginebra calienta la faringe, te beso en la mejilla, luego en la comisura derecha de unos labios quemados al mediodía, te beso en el centro, abres un hueco, la puerta al nirvana, mi alabanza sempiterna, mi elegía los días de escisión.

Dos de la mañana, caminas en el borde epóxico de un andén húmedo, quieres resbalar y descansar en mis brazos, quieres que te rapte el rocío que ha salido toda tu vida de un rincón de tus ojos, llueven gotas como cuchillos de plata de numero atómico cuarenta y siete estallando en el asfalto. Dos tipos se acercan, corremos y ellos corren, un disparo al aire rompe el fascinante mutismo de la noche, tus tacones también. Hay un callejón, es el barrio el refugio, es un samán el árbol que nos sirve de almena. Los pasos se acercan, hay un olor salvaje a no nos hemos bañado desde el estreno de nuestra humanidad. Nos sorprenden por la espalda, agarran tu pelo y tiran tu cabeza hacia atrás, hay un cuchillo en mi cuello, aquel te lame las orejas y adorna el ambiente con una carcajada estruendosa, me vuelvo impetuoso y brota el calor de una línea tímida en mi cuello, acierto un puño en la quijada de uno, empujo a tu atacante, te tomo y corremos gritando auxilio. Son las tres y media de la madrugada. Cali huele a vómito y a bares cerrados. Uno grita que esas orejas son de él, su fábrica de cirios.

Saco la lengua para beber la lluvia. Juro entonces que te recordé una noche de plenilunio en la que caminaba y te hojeaba entre las frases de After Such Pleasures. Suenan las sirenas en la distancia, heraldos de la muerte.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Quizás no...

Qué quiero decir.
Si tal vez ya no queda nada
he de arrebatar mis entrañas,
cocinarlas y comerlas.
He de darle un golpe a mi corazón que duerme.

Sin embargo, continúa amaneciendo.
Y aunque se escapa de mis corneas
la belleza sutil de la luz gualda que cruza las nubes,
y aunque otrora contemplase con asombro,
siendo ser febril, sensible animal,
duende perceptible que comía líneas de lluvia,
los detalles mínimos que se alojan en las cosas,
sé que algún día volverán las letras,
el amor, la ira, la pasión, yo.

Caerá el friso protector  
y entrara el calor jovial del segundo aliento.

O quizás no.
Pues sincero lo dijo Urbina:
“mas por fortuna, tras el rapto de ira vino una dulce resignación”

Y por qué no me siento tan afortunado.