domingo, 16 de agosto de 2020

Hombre...

Hay un perro en el balcón, mirada melancólica.

Espera al hombre que va, hombre que no vuelve.


Hombre en encierro.

Hombre sin fé.


El perro corre, él arrastra sus pies.

Hombre que espera al fin, el fin.

Hombre que aguanta por él.


Hombre mira al sudoeste,

busca en la espiga el reflejo del sol naciente;

relámpagos de un universo novel.


Somos aquí, tras acero y esmalte blanco:

agua tibia, 

lluvia que resbala en los balaustres del balcón;

Hojas de cerezo en un filme japonés,

siempre cayendo.


Somos los cuestionamientos de siempre.

El pozo y el péndulo.

El resplandor.



sábado, 29 de febrero de 2020

Tatacoa...

Tatacoa.
Hacíamos fuego como un par de ancestros,
el hombre primigenio descubriendo la luz.

Segregué los trozos Picasso de tu rostro;
representado siempre distinto:
formación de claridad y sombra.

Adoquines húmedos huelen a ciudad.
Y vos estás perdida en ella, y yo.
Caminando, y en el relente nocturno,
la apegada nostalgia.

Tanto cariño al dolor.

En un cafetín , Buenos Aires, 2019.
Mollizna leve
impregnando el pastel de una vieja fachada.
Atardece y los toros tocan ahí rainy jazz.

Podríamos ser su público.
Pero es todo sueño,
la ausencia que no parte.
Aromas a maderos y flores
de una espalda recostada en un árbol.
El ayer.

En el Ángelus,
arrebol de horizonte.
Pizarras y maestros.
Las horas largas y anheladas.

Si debemos volver a vivir,
al menos que cambiemos de planeta.




martes, 10 de septiembre de 2019

Realidades...

Qué triste es encontrar la realidad falsa,
la amistad que parecía y no lo es.
La soledad del techo que cubría dos
y ahora a uno,
El ulular del viento entre los surcos de ese vacío pliegue de la sábana sobrante.
Y entender, descubrir, el pie que ya no se entrelaza con el calor de uno ajeno.
Echarse culpas. Sos vos, soy yo.
Qué importa, si lo que pasó es inmutable.
Pero somos lo que fuimos.
Y seremos lo que fuimos.

miércoles, 17 de julio de 2019

Poemas para gomas.


I
Sur y transfiguración.
La luz sobre el andén que cruzamos
me dibuja tu tránsito por ahí.
La nostalgia es un filo en el que tropiezas,
cae tu cuello.

II
Vuela un pájaro como vos,
aún queda como un sonido fresco de arroyo,
el ruido aquel del aire entre tus dientes al dormir. Se enrosca tu cabello entre mis dedos en un flashback espontáneo.
Busco las tijeras para conservar un mechón.

III
De niños nos decían que el amor era perfecto.
Cuánta mentira desenmascarada entre discusiones, cachetadas, humanidad.
Activo una bomba en la fachada de Disney y conservo las pavesas junto a tus cenizas.

IV
Fue la palabra o el silencio. La culpa fue hacer cualquier acción. El banco de madera en la plaza conserva tu sombra, el haz de sol que atravesó tu cuerpo al huir, el barro que se perdía de los intersticios de tus sandalias.

V
Creo que extrañaré el olor de tu crema de peinarte, tal como extrañaré el lunar gigante en tu espalda. Ese que ha sido extirpado de tu vida.. también.

VI
Quemarás todo lo mío. Hasta las ranitas de la nevera, al perro de algodón. La memoria de la vía láctea en una carretera pérdida, aquel gran cañón.  No me conocerás ni al cruzarnos en el boulevard, ni cuando grite tu nombre al identificar tu espalda. No me verás con claridad, ni al observar mi silueta definida por las gotas de mollizna.

lunes, 1 de julio de 2019

Transeúntes...

Dios que todo me quitas.
La corteza húmeda del cedro
y la bruma que se escancia.
En mis recuerdos, vos siempre.

Todo es moho, bosque de hongos,
visión onírica, prisma y rosados.
El sueño del transeúnte:
que sueña no tener sueño
y desobligarse del café matinal.
Esquivar las balas laborales,
tiros a la sien,
devoradores de almas.

Las arterias de la ciudad
todas grises y opacas.
Tanto que hemos perdido aquí.
Todo es un juego.

viernes, 15 de marzo de 2019

Para olvidarte

La vida terminó siendo preguntas.
Un hombre camina en el desierto desnudo,
con una sombrilla, intenta sobrevivir.
Pierde respuestas,
huellas en la tormenta.

Tiramos para abajo
con los pies hechos concreto,
perdidos los ritmos y los anhelos,
las pequeñas nostalgias precisás;
queda despertar y estar en el balcón,
sin justificación suficiente,
viendola preferir el viento fresco
que pasa y luego se va,
y rechazar el aire tibio que se estaciona.

Pérdida la razón de estar aquí,
te susurro y ni estás;
como esperando que vuele el mensaje.
Y pregunto si eres como eres o como eras.
Si te convertiste o naciste.

Si duermo en esta cueva
en donde el aire apaga tus saludos,
tus coloquios de dinero,
tus clases de economía,
seminarios de finanzas.
Si me escondo aquí
y reduzco mi ser a un triste espectador,
es para conservarte y que perdure
aquello mismo que quiero olvidar.

La hoja parda que se precipita
en el otoño de una película,
es hermosa, pero cae al fin.