viernes, 15 de marzo de 2019

Para olvidarte

La vida terminó siendo preguntas.
Un hombre camina en el desierto desnudo,
con una sombrilla, intenta sobrevivir.
Pierde respuestas,
huellas en la tormenta.

Tiramos para abajo
con los pies hechos concreto,
perdidos los ritmos y los anhelos,
las pequeñas nostalgias precisás;
queda despertar y estar en el balcón,
sin justificación suficiente,
viendola preferir el viento fresco
que pasa y luego se va,
y rechazar el aire tibio que se estaciona.

Pérdida la razón de estar aquí,
te susurro y ni estás;
como esperando que vuele el mensaje.
Y pregunto si eres como eres o como eras.
Si te convertiste o naciste.

Si duermo en esta cueva
en donde el aire apaga tus saludos,
tus coloquios de dinero,
tus clases de economía,
seminarios de finanzas.
Si me escondo aquí
y reduzco mi ser a un triste espectador,
es para conservarte y que perdure
aquello mismo que quiero olvidar.

La hoja parda que se precipita
en el otoño de una película,
es hermosa, pero cae al fin.


martes, 3 de abril de 2018

Ya estoy cansada, decía mamá.
Bajo un techo procurado y aún no propio,
como torcaza anciana en nido ajeno
o arrebatado por los días, por rescates ajenos.

Y la ciudad se tragaba su pequeño
cuerpo circular, tan ingenuo y tan bello,
que tan poco merecía caer entre sus grises fauces.

Un fragor súbito de amor
se espabila en el miocardio,
y en la ventana del bus que pasa cuadros
a toda velocidad como proyector análogo
en cineclub vacío y con olor a cayena,
descubro o convalido el infortunio de la vida, que pasea su dedo aciago por el botón
de una polaroid de instantáneas
que revelan al agitarse pesadumbre, aflicciones, melancolías, hombres que caminan caminos con cabezas gachas, injusticia, inequidad. Se atisba un gozo exiguo en las lágrimas, un sabor añejo de nostalgia, y te busco para encontrarme, y te encuentro al perderme.



lunes, 12 de febrero de 2018

Saludos...

Volver es siempre una palabra, 
nunca un boomerang, jamás acción.
Un verbo es un muerto
si no toma el impulso de un primer paso, 
uno natural y no complaciente, 
el verde que se pinta en Quilotoa espejo de agua.

La otra tarde una pregunta surgía
entre renglones de una conversación concisa,
coloquio de compadres: ¿si al morir no hay felicidad?, ¿y si volvemos a nacer más pobres?

Plática fútil de una especie igual.
La conclusión:
nunca nos daremos cuenta,
por aquello de la muerte cerebral 
que arrastra los recuerdos.

En todo caso, 
bajar siempre fue menos agotador que subir.

miércoles, 10 de enero de 2018

Un día más...

Quedará la luna espesa formando ondas
como yogurth griego al ser atravesado por la cuchara, que segundos atrás, tus labios blancos se abrían y cerraban para saborear.

Apenas es un espejo agrietado y lleno de cráteres, que se cuelga en un salón de mármol negro y refleja las almas, tumba toda máscara y pretensión .

La suntuosidad cae, el desespero y las apariencias, el querer ser lo que no se es.
Como portadas nuevas en libros viejos,
dejar rastros que se borran en caminos que no se han de retomar, que no son senderos propios, sino noches en galaxias ajenas, soles que despuntan y se asoman en horizontes de playas de otros mundos; simulaciones, café endulzado con estevia.

Renacen las cuatro estaciones con el abrir de tus ojos, es casi un Bing-bang de múltiples colores que se refractan y se estiran cambiando su densidad. Se refleja y se dispersa la luz dorada del inicio de la mañana; como debió pasar la mañana misma del primer día de la humanidad, la primera legaña barrida por la primera mano. Cuando todo está fresco y somnoliento, el tiempo parece doblarse y estirarse, y a veces, se tuerce entre nuestros cuerpos. Veo tu espalda convertirse en arcos y cúpulas, y recorro las formas con el índice. Entonces, el mundo despierta y, es un día más , cruel, feliz, lento, de ecos, evidente.

martes, 19 de diciembre de 2017

Locura...

Si la locura es tener claridad, entonces, llámenme loco, y arrástrense ciegos aún, como siempre en su pasado,
por túneles y ramificaciones infinitas, por parques ahogados en sombras y senderos escondidos entre hierba. Te pude ver y los vi a todos así, chocando sus cabezas como aviones suspendidos que van a un fatal encuentro; con las comunicaciones caídas, sin torre de control. Ahora creo, cada vez más,
y es la sospecha que crece desde antaño,
que estoy mejor sin la gente alrededor.
Buscar montañas, mares, aires desolados,
vivir con el susurro leve del viento
entre los pinos de un bosque remoto, se hace prioridad. Morir de miedo en las noches oscuras y silentes, también, entre ruidos que se cuelan paranoicos.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Te di dinamos para transformar los flujos electromagnéticos de nuestros encuentros.
Te di caleidoscopios con cristales de colores que no aparecían en la paleta de Adobe Photoshop.
Te di una nube un día que pedias una almohada y luego te quejaste de dolor de cuello.

Te di sonrisas fortuitas, momentos adventicios de felicidad menguante.
Masajes de pie los días de poco cansancio, uno o dos al año.
Pies de manzana calentados en microondas y vasos de leche tibia.

Te di guirlache, y acaso conocías su nombre;
a pesar de tanto dulce fueron más amargos nuestros días.

Te di películas tristes y clásicas y también actuamos guiones melancólicos.
Fuiste quizás una actriz tan talentosa,
te vi llorar y yo me hacía el fuerte.

Con la certeza de la vejez solitaria que fecundo para un futuro.

Te di bailes y caras extrañas y, por algunos minutos, lo sé, te hice reír.