viernes, 19 de febrero de 2016

El amor era una road movie



Desde las estelas sempiternas que abastecen lo perpetuo, aparece igual la ciudad, como la cabeza disecada de un alce que adorna una pared. Te paras bajo un farol y quedan las mismas dudas, el mismo hartazgo. Pintas con vinilo barrotes y velos, dibujas panoramas extensos de color crisálida. Cali nocturnal, delicada como la fina capa de epidermis del viejo que te da la mano sucia y demoledora. Tanto amor y sangre entre las grietas de esta tierra, tanto sueño fallecido, búsqueda inconclusa, tanto salirse del cuerpo. Vi suficientes brujas en la parálisis del sueño, sombras trémulas arañando la luz filtrada en la ventana, los gritos ahogados, la radio, el locutor, el amor; los ojos rojos de Reina blanca caminando en sus cuatro patas, haciendo Tic- Tac con sus uñas de marfil, sus uñas descalcificadas de quince años; compañera de sucesos. Adiós, niña minera de calcetas, mi máquina de comer croquetas.

Te veo, estas lejana casi rozando la línea que divide el horizonte. ¿Lograr despertar al cierre del amor es madurez o resignación? Lo cierto es que creamos un alma nueva dentro de la urbe que se fue amasando a partir de los aromatices desprendidos del sudor del sexo, de los gritos en un hotel de pisos de pino de la calle sexta. Caminábamos así, con nuestra pueril juventud, esperando construir conejitos y campanitas en nuestros corazones, con el desconocimiento pleno de que cada uno escondía el estilete que se afiliaría con los años. Ahora somos una amalgama de cicatrices, tú te quieres vengar demasiado y cavar mi tumba con tus propias manos, hecho que claramente niegas tras el escudo de la indignación; yo buscando el amor que terminó siendo víctima de la gravedad, escapándose por los rotos de los bolsillos de nuestros vaqueros. De saber las consecuencias, sin dilación hubiésemos atado nudos en las puntas triangulares para asegurar una vida de manos juntas.

Tengo aquella teoría de que contrataste a un loco y luego quisiste comprar una camisa de fuerza. No puedo negar que tú sanaste y yo seguí de psiquiátrico, ahí el conflicto. De todas formas, queda el amor intacto de mi parte y un sueño que visita el hipotálamo tres madrugadas de cada semana: Subo por tu piel y soy solo una boca, no humano, solo boca, todo boca, manos de boca, dientes de boca, dedos de boca, demasiado escarlata, demasiado húmedo y carnoso, me cierro en tu cuerpo como una flor carnívora, como un último gran beso que saborea todas las calles por las que pasamos alguna vez, y paso por tus dientes para arrancarte de forma infructuosa todas las sonrisas que te saqué alguna vez, y beso la parte trasera de tus muslos y una lagrima sale de la boca como si fuera un ojo y entonces, la boca ahora tiene una pestaña que te hace cosquillas en el vientre y el iris del ojo es un pozo sin fondo que en realidad es una fosa nasal y entonces, aspiro con firmeza las partículas enredadas en tu cabello desde hace cinco años cuando caminábamos por la avenida tercera norte y nos admirábamos con profundidad y fe.

También tengo esa otra teoría: que Dios quiere vengarse de mí por no creer en él; sí ya sé que me obsesiona el tópico de la venganza, cómo no dudar de la naturaleza humana y de la naturaleza misma de un Dios que ha creado esa naturaleza hija, y que además observa con indiferencia la miseria y dolor a través del claro de su nube. Entonces, pienso que debería dejar de preocuparme tanto y empezar a disfrutar de las pequeñas cosas, porque al final el único rencor, la única venganza que existe es hacia mí mismo, hacia el miedo incauto de lanzarme a la conquista, hacia la mano que se estira para cazar al sueño y, pienso que debería caminar menos mirando abajo e intentar encontrarme de nuevo, en esto, en ti si quieres volver, en las salas de cine y sus hermosas escenas que me han transformado; como cada vez en mi vida que asomé la cabeza a la ventana para observar las gotas de lluvia que se elevaban al cielo al tocar el pavimento caliente y el vapor infló mis pulmones de la esencia misma de las avenidas, que es la de cada vida que las ha pisado.


1 comentario:

Rosa María dijo...

Me quedo con la reflexión final, pues la vida es una experiencia de la cual no podemos extraer solo con lo bueno obviando lo adverso, porque son vicisitudes que nos ayudan a crecer, a conocernos en profundidad.
Por otro lado, pienso que no existe dios más cruel y vengativo que el miedo que nos impide ser quien verdaderamente somos y hacer lo que soñamos hacer. No, las desgracias no bajan del cielo, tampoco las soluciones, somos creadores y participes de todo lo que ocurre en este mundo, si Dios estuviese a la espera de algo, supongo que sería de que aprendiésemos a dejar de lamentarnos y empezáramos a creer en nosotros mismos, pues al fin y al cabo la humanidad es el conjunto de todas las voluntades, con frecuencia cuando pensamos en ese ser todopoderoso olvidamos que nos dio el mejor de los dones, el “libre albedrio”.

Me gusta lo que leo, es muy interesante, prometo volver.
Un abrazo.