miércoles, 14 de junio de 2017

Desde una reja...

Aspiró el alud de color de sus ojos,
se llenó de verde miel,
y se quebró como el amor que parte
de estaciones subterráneas,
en plataformas de cemento crudo,
sobre rieles y ráfagas de carros de acero,
que son manchas en tomas de larga exposición.

La vida se trataba de pérdidas y de tintes ocres.

Solía necesitarte bajo un cielo azur capitalino, en las mañanas bañadas de limerencia, como la radio necesita a las ondas hertzianas pero algo no mutuo.

Se fueron escanciando en alforjas mentales: quebrantos, astillas y borradores de miga de pan para los buenos recuerdos en carboncillo y ánimos cobrizos del mefelibata, que persisten endebles a través del tiempo.

Les escribo desde prisión, con los pensamientos estrangulados.

2 comentarios:

rayuelasolvidadas dijo...

Casi siempre es más fácil escribir desde la prisión, desde las despedidas o las pérdidas (son los únicos lugares desde lo que podemos hablar, en verdad).
Me alegra leerte de nuevo, después de tanto tiempo,
quebrarme un poco "como el amor que parte".

Saludos Nahuel!

Leticia dijo...

La prisión en que vivimos se forja de la cuna a la prisión subterránea que nos va cercando, quizá somos los constructores de cada barrote. Uno nunca sabe... quizá lo que queda es escribir con sangre en las paredes. Precioso Nahuel como siempre, embiste al lector y desgarra. Beso