viernes, 12 de abril de 2013

Memorias...

Soñé que éramos madejas entrelazadas en el efluvio nocturno. ¿Recuerdas cuando soñaba? Eran las cuatro de la tarde de un miércoles de esos habituales y la mesa de madera tenia encima un pocillo con figuras de chocolate. Creo que te dije que te desnudaras porque en ese tiempo todavía las cosas conservaban el sentido. ¿Te acuerdas cuando soñaba? Tal vez fue solo la imaginación, suave y cierta, y podía sentir el velamen de mis horas ensanchándose entre el cielo azur; los pies tan etéreos en la espuma de las aspiraciones. Me reconstruyo en los parques de mi infancia, veo un niño famélico corriendo sobre el pasto alfombrado, deseoso de tener las rodillas carmín. 

Recuerdo que aquel niño tenía una sonrisa. Por otro lado, no recuerdo a la sonrisa en sí.

2 comentarios:

Leticia dijo...

Prosa intimista rica en símbolos para el lector, el que también desea tener las rodillas carmín. Exquisito momento de Eros pensante y melancólico. Un beso Nahuel.

Dafne Isern dijo...

A mí los sueños a veces se me entremezclan tanto con la realidad que no soy capaz de reconstruir mi pasado sin dudar.

Un beso muy fuerte.