viernes, 22 de junio de 2012

Un cristal húmedo que refracta los reflejos...

El viento pegando fuerte en la ventana,
afuera los labrantíos rápidos y bruñidos,
y entre los gajos de trigo tostado
los ojos verdes de la abuela.

La casa de la tía y mis pies descalzos
de niño triste, arrastrándolos
por el parquet ennegrecido.
Los pies son como la consciencia.

La piel exigua de papiro en
el lomo de las manos de la abuela.
Sus venas verdes embebiendo
tinta en sus vistas que eran
un cristal húmedo que refracta los reflejos.

Las hijas que salvaste, Abuela.
Tu vida tan sola, tan cetrina,
los rosarios que me obligaste.
La despedida que nunca te di.

5 comentarios:

Leticia dijo...

Un homenaje bellísimo a esa mujer que es la raíz de tu corazón, Nahuel, estampas del ayer sin despedida. Y si no, es la mujer raíz, amante de la vida cotidiana y simple que brilla hoy vuelta poesía en la gris línea del tiempo.
Saludos cariñosos

Ibeth Hache dijo...

"Los pies son como la consciencia."

Toda la razón.

Ío dijo...

Que maravilla, Nahuel, que buen poema has escrito, y que belleza hay en sus versos.
Te aplaudo, te aplaudo y no dejo de aplaudirte.
Gracias por tu poesía
Besos

Ío

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

Nahuel: es un hermoso cuadro de admiración por la abuela...

Gracias por compartirlo

Dafne Isern dijo...

A veces casi es mejor no despedirse, porque las despedidas son siempre de lo más duras. Estoy segura de que si lo leyese, le encantaría.

Un beso.