miércoles, 2 de julio de 2014

Un don perdido - Un sueño

Hoy que muere el fuego, la llave,
la letra y la poesía.
Raza mía, piel maní.
Hoy que ya no sos. 

Hoy que ya son dos meses sin escribir,
por el don perdido,
por un dios que arrebata,
por el badil inservible.
Brindar, esta noche clara de Martini
por el dolor de la querida melancolía.
La daga en la aorta,
el cartílago de mantequilla.
Poder regresar y encontrarse
en servilletas, en el pintarrajo
de portadas de cuaderno, 
en el cieno en la rodilla.

Como el niño cándido en
tierras que esputan sangre.
Y sus manos han de crear sangre.

Estabas recostada contra la pared, entre las espinas de las pesadillas y las gomas del sueño. La pintura era roja y contrastaba con tu tez pálida, como sangre en la nieve, o como nieve en la sangre. De todas formas así de hermoso, así de trágico también tu semblante. Un cerebro calinoso te traza exacta, un salto en la memoria, una instantánea que se revela entre visos cromados. Por qué tan preocupada mi flecha en el esternón, mi mariposa ahogada en el estómago, mi primero de enero, mi treinta uno de diciembre si despiertas a mi flanco. Sara, huequito en mi queso-vida; si uno pudiera elegir no despertar y vivir en la casa onírica, sembrar amapolas y geranios y alguna vez orquídeas, establecerse y no envejecer, contemplar el movimiento de las estrellas en el porche (que tendría que ser uno de esos de columnas de madera que aparecen en las granjas de los trigales en las películas), callar. Entonces deshacerse de los que no pueden parar de hablar, los que quieren resaltar, ser relámpagos, porque no vale más hablar así no exista aporte, no importa que lo afirmen los psicólogos; hay en el introvertido una belleza reservada y un don de sentir, de transformar e impulsar. Sara camina entonces por un pasillo en blanco y negro, lleva un vestido de cuero azabache con encaje en la espalda, se aleja. La encuentro en un rincón arrancando las capas de pintura vieja de las paredes y entonces el cuadro ahora es el de una fotografía en una habitación de Chernóbil. Has salido a una piscina y te has lanzado, entonces en un momento irreal ha emergido del agua un cocodrilo y te ha tragado entera. Fin del sueño. Despierto con la molestia de ver tus pies desaparecer en un hocico.

1 comentario:

Ibeth Hache dijo...

Por el mismo motivo has de crear escritura, porque desde allí naces y renaces y renaces....