jueves, 24 de noviembre de 2016

Otro...

Me rindo y aún quedo débil,
de rodillas y manos y alma sobre el suelo,
trazo sombrío en el escaso horizonte
que eres tú y los sueños y los embozos de la infancia,
la linea invisible extendida a un enjuto futuro que es un hilo fino de algodón.

La tensión llega,
aquella linea de vida se templa
deshaciendo cada sinuosidad, se rompe.

Me rindo, ya no queda carnaval,
ya se acorta el entendimiento leve de los seres que disfrutan,
que galopan con gringolas, desentendidos por la vida,
luciérnagas, diamantes refulgentes que refractan su luz pero no te bañan.
Yo, diamante en forma de carbón.

La desesperada búsqueda de la felicidad
es una cruzada que prefiero evitar,
la copiosa fatiga de una meta que siempre se pospone.

Me rindo, debe uno vivir de forma automática
y esperar ansioso el huracán súbito de la muerte
que ha de llegar con sus pétalos negruzcos
y la suave caricia del pistilo que conserva fría
la gota ponzoñosa del ultimo aliento

2 comentarios:

Leticia dijo...

La última frase es lapidaria, mueve al miedo ante la tenaz sentencia que nos habla de ella el nacer y nos atrae como la primera sonaja.
Un placer leerte Nahuel ,siempre te lo digo y así lo siento.... eres un escritor brillante.Un abrazo fuerte desde el otro lado de la selva negra que nos habita.

Ana Muela Sopeña dijo...

Qué bien escribes, Nahuel.

Besos
Ana