sábado, 8 de noviembre de 2008

El tiempo que nos queda (Parte 1)

LUNES 08 DE NOVIEMBRE
Alguien alza su copa y brinda con el aire sentado en una mesa del rincón de una cantina que concurren algunos que quieren morir. Tras un biombo enmarcado con bambú y guarnecido de pinturas desteñidas del bajo Orleáns un hombre asoma su cuello largo y estirado por el escote de su camisa. Hay caminos inconclusos en su mirada, hay tristezas de cribados de oropel y no de oro; hay tangos frescos, melancólicos, sicóticos, incontrolables como el humo de un cigarro. Bajo la voz profunda del acordeón de Malena, con la cabeza gacha se envuelve en un vaivén de ideas salpicadas de lúgubres pensamientos

- Tengo que terminarlo todo, tengo que terminarlo todo, el diario, la muerte, el reconocimiento, ha llegado el momento, no lo puedo prolongar más.

Lois se levanta brusco derramando el brandy entre las ranuras de los tablones de la mesa. Piensa que su equilibrio en este instante es tan escaso como el de esa copa, que los golpes también lo han desestabilizado a él. Deja la cantina, las miradas de los borrachos impávidos, sedados y perturbadores. Toma el callejón dieciséis hasta la entrada del bulevar sobre la diecinueve, arrastra el ruedo del pantalón por el hormigón de los andenes citadinos. Su cara está demacrada y sus mejillas macilentas, saca un libro del bolsillo de su gabán y comienza a leer; las ideas vuelan en su cabeza, se desordenan…rápido…uno…dos…tres, comienza a correr, está confundido, el reloj de una iglesia marca las dos de la madrugada, un pájaro gris pasa casi atropellándolo, las palabras del libro…”el conocimiento es tristeza”…”vive para siempre”…”la senda se estrecha”…”latidos de corazón”...un golpe.

- ¿Estas bien? – la pregunta introductoria sin sentido de una extraña al ver a Lois tirado en el borde de la acera con sus manos sangrando.
- He caído inconsciente – responde Lois con desgano.

Recién abre los ojos, y por primera vez se da cuenta que no todas las cosas sobre el mundo están hechas de oscuridad. Siente un miedo profundo, el temor hacia la hermosura que siente un artista antes de terminar su obra, las ansias de un niño antes de salir a un paseo. La rubia deja caer su cabellera sobre su frente mientras lo revisa.

4 comentarios:

Christian Chininin dijo...

Hola, compañero, me parece que en tu cuento expones el caso de aquél que encuentra un motivo para seguir cuando la vida parece estar en su contra. Muy buena propuesta. Espero que pronto nos entregues el desenlace a esta parábola. Por otro lado... déjame decirte... tu estilo me parece recargado; llega un punto en que tus aclaraciones y detalles hacen pesada la lectura del cuento. Por otra parte, deberías emplear los signos de puntuación para ordenar las ideas. Bueno fue una observación constructiva. Te invito a leer mi blogs pablorubirosa.blogspot.com. Yo también escribo cuentos. Gracias.

Diosaoasis dijo...

Me dejas pensando en que termina. Seguiré la continuación estaré pasando. Saluditos.

Dorian dijo...

Hola nahuel mu wapo el articulo!
gracias x pasarte por mi blog.
Me seguire pasando por aqui para seguir leiendo!
saludos

Smilegirl dijo...

precioso, indescriptible